En medio de un escenario del atentado contra el secretario y la violencia creciente, bien valdría la pena que el gabinete de Seguridad valore si se requiere reforzar el combate con una estrategia clara, más allá de dichos populares.

En este espacio reseñamos hace algunos días la importancia que tiene preservar la seguridad a través de estrategias y herramientas sólidas que eviten la irrupción o afianzamiento de grupos de la delincuencia en un territorio en específico.

Sin embargo, tras el atentado en contra de Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, se debe reconsiderar la pregunta: ¿hay que replantear la estrategia de seguridad a nivel federal?

El hecho no fue menor. Un grupo de la delincuencia organizada, que hasta ahora todo apunta a que se trata del Cártel Jalisco Nueva Generación, le declaró la guerra a la Cuarta Transformación.

Una declaratoria que no había surgido de la autoridad, sino que vino del crimen como una reacción a alguna acción que afectó sus intereses.

La agresión en contra del jefe policiaco es un parteaguas en el combate al crimen en la capital del país. Nunca antes, al menos oficialmente, se había dado una agresión de este tipo en el epicentro de la vida política del país. Un ataque en una de las zonas más acomodadas de la Ciudad de México, en donde se ubican las representaciones consulares de varios países.

Esta agresión se da en medio de una estrategia que no ha quedado del todo clara.

Por un lado, el presidente Andrés Manuel López Obrador asegura que su estrategia se basa en “abrazos, no balazos” y en “una nueva conciencia en donde quienes se portan mal son mal vistos”.

Pero por otro lado, instancias federales como la Unidad de Inteligencia Financiera, a cargo de Santiago Nieto, asestan golpes precisos sobre las estructuras financieras de los grupos de la delincuencia organizada, como fue el congelamiento de cuentas en donde se movieron más de 22 mil millones de pesos.

Este fin de semana, luego de casi 34 horas del atentado, el presidente López Obrador advirtió en un mensaje difundido a través de redes sociales que “no vamos a declararle la guerra a nadie, no vamos a usar esas balandronadas”.

Expertos en materia de seguridad, como Alejandro Hope y Francisco Rivas, han planteado que aunque no se debe declarar la guerra al crimen, la estrategia no puede seguir igual tras el ataque del viernes pasado.

Un hecho como este tipo no puede verse como un ejemplo de que la estrategia está siendo exitosa y por eso los grupos del crimen atacan; al contrario, la delincuencia se siente con la licencia para actuar a su libre albedrío sin temor a un castigo.

Aunado a este ataque, las cifras delictivas se mantienen más altas que en el anterior sexenio, que por sí mismo tuvo la incidencia más alta de la historia.

Los asesinatos en los primeros cinco meses de este año avanzan a un ritmo récord, los feminicidios mantienen una incidencia superior al último año del gobierno de Enrique Peña Nieto, por mencionar solo algunos.

En medio de este escenario, bien valdría la pena que el gabinete de Seguridad valore si se requiere reforzar el combate con una estrategia clara, más allá de dichos populares.