Si ya de por sí el regreso a clases significaba un duro golpe a los bolsillos, ahora las erogaciones con este fin son prácticamente incalculables

Tras el rifirrafe por el inicio del nuevo ciclo escolar, por fin las autoridades establecieron que será el próximo 24 de agosto la fecha del esperadísimo regreso a clases en México. Como era de suponerse y dado que las condiciones actuales no permiten el arranque en forma presencial, la reactivación educativa se llevará a cabo a distancia; esto, en tanto los semáforos epidemiológicos de las entidades federativas se pinten de color verde, para lo cual seguramente habrán de transcurrir varios meses y felices días. 

Al respecto, la nota distintiva la dieron las principales televisoras mexicanas y sus directivos (otrora miembros de la “mafia del poder”), quienes hicieron mancuerna con el presidente López Obrador para el cumplimiento de los propósitos en materia de enseñanza. En efecto, Televisa, TV Azteca, Imagen y Milenio, así como 36 radiodifusoras a lo largo y ancho del País serán las encargadas de hacer llegar contenidos educativos a más de 30 millones de alumnos a través del programa “Aprende en casa”. 

En principio, la medida adoptada por el Gobierno Federal se antoja prudente. Si bien, las decisiones trascendentales son invariablemente causa de controversia, en este caso debe considerarse que el retorno a las aulas de la manera tradicional podría acelerar gravemente la trasmisión del mal de moda. Dicho de otra forma, la determinación de reanudar las clases bajo la modalidad a distancia se tomó gracias a una buena dosis de responsabilidad y sensatez; características, por cierto, no siempre vistas en las afirmaciones del mandamás de la salud pública. Recordemos que el pasado 14 de marzo, quien en chico rato pasó de héroe sin capa a villano de película, el doctor Hugo López-Gatell, con tal de explicar al respetable el sistema de inmunidad de rebaño, puso como ejemplo la efectividad de los contagios ¡entre niños y en las escuelas! Por supuesto, el tema no volvió a ser tocado en los mismos términos, pero los videos de aquella lamentable conferencia de prensa quedaron para la posteridad. 

Pese a lo antedicho, resulta importante analizar algunos aspectos relacionados con la educación en la nueva normalidad. 

Conforme al análisis “Desarrollo humano y COVID-19 en México”, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en nuestro País casi un millón 500 mil alumnos no volverán a la escuela para el ciclo entrante; 800 mil serán los que no transiten de la secundaria a la preparatoria, casi 600 mil abandonarán sus estudios universitarios y el resto renunciará a la meta de obtener un posgrado. Ciertamente, el mencionado reporte se encuentra centrado en la educación media superior, sin embargo, las cifras relativas a la deserción escolar en el nivel básico seguramente serán también alarmantes. 

Por otro lado, el panorama es desalentador para las escuelas privadas. Se estima que –al menos– el 25 por ciento de las casi 49 mil instituciones de este tipo que operan en México se verán obligadas a cerrar sus puertas; muchas de ellas ya lo están haciendo. La problemática no es menor; la instrucción privada representa el 15 por ciento del sistema educativo nacional, por lo que la saturación en las escuelas públicas y sus efectos colaterales parecen inminentes. 

Ahora bien, si la enseñanza a distancia es un mecanismo relativamente probado que ofrece algunos beneficios, no menos cierto es que su aplicación implica altos costos para los padres. Si ya de por sí el regreso a clases significaba un duro golpe a los bolsillos, ahora las erogaciones con este fin son prácticamente incalculables. Debemos reconocerlo, ante estas circunstancias, el terrible impacto en el ingreso familiar de los más vulnerables es de pronóstico reservado; máxime que, como recién se adelantó en este espacio, 25 millones de mexicanos han tenido que sumarse a las filas de la pobreza laboral. ¿Cuántas computadoras personales, tabletas, teléfonos inteligentes, televisiones o radios requerirán los hogares mexicanos para cubrir las exigencias educativas? Por lo pronto, esta pregunta está destinada a quedar sin respuesta.

Aquí en confianza, ojalá que el nuevo programa para la educación no sea producto de la improvisación y que este aterrador episodio en la historia de la humanidad no continúe extendiendo su margen de consecuencias negativas. Ya sólo nos falta que también registremos un decrecimiento en el grado promedio de escolaridad en México, pues la caída en este indicador significaría una verdadera catástrofe para la ya bastante menguada inversión extranjera y las posibilidades de recuperación económica mediante la generación de empleos. Ya no sé si duele más lo duro o lo tupido. 

@Ivo_Garza
Iván Garza García  

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