Solamente el gobierno de México permanece impasible ante la pandemia y se resiste a decretar las medidas de restricción a la movilidad

La pandemia del coronavirus sigue avanzando a velocidad vertiginosa. El número de contagios crece en el mundo a tasas de dos dígitos diariamente, lo cual implica que en una semana o menos el número total de personas infectadas se multiplica por dos.

La cifra de muertes también crece a una tasa de dos dígitos diariamente desde hace más de una semana. Anoche el número de víctimas fatales superaba los 16 mil 500. Y continuaba creciendo.

Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, se convirtió ya en el tercer país con el mayor número de personas contagiadas y el gobierno de Donald Trump ha ordenado el despliegue de la Guardia Nacional para colaborar en las labores de contención del virus en los estados más afectados.

La mayor parte de los gobiernos de América Latina han anunciado medidas drásticas para disminuir la movilidad social ante el embate de la enfermedad, así como paquetes de ayuda para contener las consecuencias económicas.

Solamente el gobierno de México permanece impasible ante la pandemia y se resiste a decretar las medidas de restricción a la movilidad que, de acuerdo con todas las opiniones calificadas, son la única forma inteligente de hacer frente al COVID-19 mientras no se cuente con una vacuna.

Pero no sólo eso: como si estuviera en campaña, el presidente López Obrador anunció ayer que su gobierno solamente contempla medidas de apoyo económico para quienes son beneficiarios de los programas sociales que ha creado su Gobierno.

“Estamos protegiendo a los débiles, a los pobres, los vamos a blindar. Porque se mantienen los programas de bienestar y en algunos casos se van a fortalecer”, dijo ayer el mandatario quien después añadiría que los empresarios “ni estén pensando en que van a haber condonaciones de impuestos u otros mecanismos que se usaban antes”.

Está muy bien, desde luego, que el Gobierno tenga claro que los más débiles requieren atención en primera instancia. Nadie puede estar en contra de eso y, de hecho, la solidaridad hacia ellos es algo que ya se está dando de forma espontánea por parte de la sociedad.

Pero no son los únicos que requerirán apoyo por parte del sector público en el momento que las peores consecuencias de la pandemia se hagan presenten y afecten al sector formal de la economía.

No existe forma de que el País resurja, después de la crisis que se avecina, si el Gobierno de la República deja morir a los empresarios, a los emprendedores, a los profesionistas por su cuenta y, en general, a todas las personas que no son beneficiarias de los programas sociales y que constituyen el motor de la economía nacional.

Nadie le pide al Presidente que despilfarre el dinero o permita que los recursos públicos se utilicen para beneficio de unos cuanto, como sin duda ocurrió en el pasado. Pero nadie puede estar tranquilo ante la actitud de un gobierno que pareciera creer que las empresas no requerirán apoyos para mantenerse en pie cuando la pandemia termine por paralizar la economía.