Una de las noticias que ayer acaparó espacio en todos los medios de comunicación fue la cancelación de la visita que el expresidente Felipe Calderón Hinojosa tenía programada a la sede del Instituto Tecnológico de Estadios Superior de Monterrey, campus Monterrey.

La asistencia del exmandatario al ITESM obedecía a una invitación realizada por la Sociedad de Alumnos de Derecho de esa institución para participar en la XXXI edición del Simposium Internacional de Derecho “En Juicio”.

En marzo de 2010, en las instalaciones de dicha institución fueron asesinados por elementos del Ejército Mexicano dos estudiantes de posgrado: Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo. En su momento, las autoridades mexicanas pretendieron criminalizarlos diciendo que se trataba de presuntos delincuentes que se encontraban armados.

Tras conocerse la invitación girada al expresidente, la madre de una de las víctimas, Rosa Elvia Mercado, se manifestó en contra de la presencia de Calderón en las instalaciones del Tec y un grupo de estudiantes abrió una petición en la plataforma change.org para demandar a las autoridades de la institución revocar la invitación.

La tensión mediática que el suceso generó se alivió ayer luego que Felipe Calderón declinara la invitación recibida argumentando que lo hacía “por respeto al dolor” de la señora Mercado.

Quienes observan los sucesos de la vida colectiva exclusivamente desde la animosidad, y con los lentes de la polarización puestos, podrán afirmar que lo ocurrido ayer ha sido “una victoria” y que debe celebrarse el haber impedido al expresidente presentarse en las instalaciones del Tec.

Habrá incluso quien considere que, de aquí en adelante, ése debe ser el camino pues lo que debe obtener Felipe Calderón es la marginación absoluta de la vida pública. Una suerte de “muerte civil” impuesta por el juicio popular.

Que eso lo piensen y sientan las familias de los jóvenes victimados es absolutamente comprensible. Que sean intransigentes en su posición de no reunirse con Calderón Hinojosa es algo que no puede reprochárseles ni está sujeto a debate, pues el dolor de la pérdida sufrida no solamente explica la posición, sino que la justifica. Sólo ellos pueden decidir, de forma unilateral, modificar esa posición.

El resto de los miembros de la sociedad estamos obligados a mirar exactamente en la dirección opuesta: no se trata de profundizar las diferencias o de mantener las heridas abiertas, sino de encontrar la ruta de la reconciliación, de la justicia y de la paz.

Tampoco se trata de darle simplemente la vuelta a la página, ni de olvidar, ni de obviar el castigo que merezcan las conductas ilícitas. Se trata de hacer justicia y de que la justicia nos devuelva al camino de la concordia. Alimentar el resentimiento y cercenar la posibilidad del diálogo, bloqueando el acceso de cualquier persona a un evento, abona exactamente en la dirección opuesta.

Y no será por ese camino que construyamos un país en el que episodios deplorables, como en el que perdieron la vida Jorge Antonio y Javier Francisco, sean sólo un mal recuerdo.