“Como sopla el viento/Como llueve hoy/ Como está la calle de vacía/ Como muere el sol…”.

Canción de otoño, José Luis Perales 


Vistas de otoño. Se filtran rayos naranjas a través de las ventanas. Los colores cálidos se empiezan a apoderar del ambiente las tardes de la naciente estación; hay también una sensación de brisa que refresca la atmósfera. A ratos, en cambio, a ciertas horas del mediodía, la brillantez lastima los ojos. Apenas y nos empezamos a acostumbrar a esta nueva iluminación de oro.

Es la llegada del otoño, estación en la que los tonos ocres y naranjas se apropian del horizonte. Pronto, veremos vestidos de amarillo, verde esmeralda y rojo escarlata los hermosos chainís, muchos de los cuales hay representativos y hermosos ejemplos en las colonias del norte de nuestra ciudad.

Saltillo participa de la fiesta de las flores y los colores en todas las épocas del año. De la misma manera en que por marzo aparecen las jacarandas iluminadas de un espléndido azul morado, estos chainís otoñales engalanan avenidas y adornan hogares de aquí y allá.

La ciudad, nombrada alguna vez como de la salud y las flores, podría seguir haciendo honor a esta descripción si insistimos en la creación de nuevos paseos públicos y parques. Hoy por hoy, sitios como la Alameda disfrutan de una cuidada y protegida área en la que las flores hacen la delicia de visitantes y paseantes.

El aroma en otoño. Pareciera una combinación de canela y fruta fresca. Impera la humedad y ella trae consigo olor campirano, lo cual, en una ciudad de las dimensiones en que se ha convertido Saltillo, logra hacer un viraje en el tiempo y rememorar, no sin nostalgia, aquellos días en que era más la entrañable ciudad pequeña ausente de ruido y contaminación.

Por instantes flotan en el aire aromas de madera mojada; de manzana puesta al fuego; de galletas y café; remembranzas de tardes que se difuminan rápidamente en la callada y cercana oscuridad de la tarde.

Evocaciones musicales. A lo lejos, los niños que juegan; los padres que conversan; las madres que disciplinan. Juego al son de una música de tonos pausados que hacen suave combinación con las tristes notas de unas aves que se preparan para emprender el inminente vuelo al sur. Unas notas llenas de nostalgia, que refieren anticipadas y ciertamente dolorosas despedidas, dolor que sólo se aminorará, para algunos, pensando en el retorno en un próximo ciclo de primavera.

Reiteradas notas musicales en ambientes otrora silenciosos. Domingos de saudades. Domingos en este inicio del encantador, entrañable otoño.

ESTA PISTA DE CARRERAS… 

...que decíamos la semana anterior, en que se ha convertido el Saltillo de la vía rápida requiere de mucha más atención y vigilancia de las que hasta ahora se ha proporcionado. Nunca serán suficientes ni los puentes peatonales ni los semáforos peatonales, si la autoridad no hace cumplir estrictamente los reglamentos. La tragedia que enlutó un hogar la semana pasada demostró que no basta con buenas intenciones. Las buenas intenciones deben funcionar de acuerdo a líneas de acción decididas, ligadas a una más estrecha vigilancia, sanciones e infraestructura vial adecuada.

Emplear el conocimiento del número de autos que circulan diariamente por nuestra ciudad; atender las áreas más vulnerables; reubicar semáforos (como en el caso en que están demasiado cerca de los puentes); darles mantenimiento a unos y otros; dotar de iluminación; dotar de más puentes peatonales y garantizar su uso seguro; impedir las altas velocidades con que manejan los choferes, en una gran mayoría, del transporte público y de servicio de personal; obligar a los peatones a usar responsablemente sus áreas de paso; que estén bien señaladas estas áreas, en fin, aplicar las infracciones debidamente… todo ello para en verdad dejar de ser la ciudad de los accidentes cada día, en los que no queremos participar.

Vaya, ¿hasta cuándo hay que seguir 
insistiendo?