Reconozco que por andar de glúteo raudo, comentando los pormenores de la Transición Presidencial y, finalmente, descifrando las claves para la comprensión de la última gran película del cine nacional, he descuidado mis deberes para con la Patria Chica, nuestra mal amada Entidad.

Obvié comentar en días pasados el susto que me llevé cuando vi los espectaculares alusivos al Primer Informe de Gobierno de la presente administración de Miguel “¡Hey, Mickey!” Riquelme.

Hace años se prohibió la utilización de rostro y nombres en la propaganda oficial, dejando como única ventana para esto los días aledaños a ese magno evento de sumisión cortesana conocido como el Informe.

Y ya cuando el valor agregado de un gobierno no es precisamente la apostura, uno pensaría que por economía se evitaría ese innecesario derroche, pero parece ser que por inercia se decidió continuar con la innoble tradición de asustar niños y atosigar al ciudadano con la efigie del Ejecutivo.

Y con ese mismo cándido esmero con que se retocan las facciones de un funcionario, se maquillan las acciones emprendidas por el mismo. El resultado es el mismo: la foto que se nos presenta no corresponde con lo que percibimos en la más cotidiana y fea realidad.

El siempre puntual colega de estas páginas, Luis Carlos Plata, nos entregó su propia versión de lo que debería ser el primer informe de este gobierno heredero de todos los males, delitos, pecados y cánceres del moreirato, condensado en 15 momentos clave de los primeros doce meses de gestión de Riquelme.

Aquí, para no quedarnos atrás, lo podemos resumir en un solo párrafo: más adquisición de crédito para cubrir gasto corriente; una nueva reestructuración de la “megadeuda” que no beneficia sino a nuestros acreedores bancarios; más gasto publicitario, excediendo nuevamente el presupuesto autorizado para dicho rubro y más contratación de productos y servicios con empresas de dudosa y fantasmagórica reputación.

Lo anterior por sólo mencionar los aspectos administrativos, ya que en materia de gobierno y seguridad, las omisiones rayan en la complicidad.

El dichoso Informe fue presentado bajo el protocolo de rigor, no obstante, fue totalmente eclipsado por el interés nacional enfocado en la toma de poder del presidente López Obrador, lo que a su vez le sirvió para pasar inadvertido y no ser impugnado aún y cuando la actual legislatura coahuilense es, al menos en lo nominal, de un partido distinto al del mandatario.

A este le siguió en los días subsecuentes las acartonadas comparecencias de los secretarios del gabinete ante el Congreso local, caracterizadas también por la simulación y el acarreo, lo menciono sólo para recalcar el hecho de que las viejas formas en Coahuila siguen tan vigentes como en el Siglo 20.

Y es que pese al catastrófico resultado electoral para el partido oficial en el Estado, la vida pública, política y administrativa en Coahuila no se ha movido un ápice. El fantasma de los hermanos Moreira aún tiene embrujado el Palacio Rosa y su inquilino no tiene el menor interés en conjurarlo.

Al mismo tiempo, la gran cruzada del presente Gobierno federal es contra la corrupción y la impunidad, o al menos esa es la bandera y cantaleta.

¿Estará Coahuila contemplado dentro en esa promesa de renovación moral y administrativa? ¿O como de costumbre, veremos cómo nuestros asuntos quedan relegados por la agenda federal a un segundo plano mientras en las altas esferas, las cúpulas partidistas intercambian sus mejores cartas negociando una justicia a modo?

Ese reciente Primer Informe, vacuo, estéril, sin sustancia ni respaldo en los hechos, es una prueba fehaciente de que en nuestro estado el dinosaurio está más que vivo, goza de buena salud y no le quita el sueño la mentada “Cuarta Transformación”.

Iniciaremos el 2019 esperando saber de alguna medida, alguna detención, alguna acción concreta que rompa esta maldita inercia a la que estamos acostumbrados hasta el sojuzgamiento.

Estamos más que necesitados, urgidos de que cualquiera de las tres modalidades del poder, ya sea el Ejecutivo, el Judicial o el Legislativo, le haga un guiño a la justicia en nuestro terruño. Pero dicho gesto tiene que venir desde nuestra soberanía y no como un reclamo de alguna autoridad extranjera.

De otra forma, nos será muy difícil creer en que la reconstrucción del País es posible.

El Informe que nada informa de Miguel Riquelme deja más que de manifiesto su carácter como apéndice de la trágica docena moreirista.

Agotadas las instancias locales –incluida esa farsa que aquí se asume como oposición y no sirve ni para organizarse una excursión al baño– queda nuestro destino en manos de la “4T”, incluso para quienes no simpatizan con el proyecto de AMLO.

Voluntad del Poder Legislativo, diligencia del Poder Judicial y la no intromisión del Ejecutivo, pero sí su decidida sanción para quienes obstruyan la acción de la justicia, es lo que le pedimos en nuestra carta a ese viejo risueño y canoso que ha prometido recompensar a los niños que se portan bien: AMLOCLÓS.

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