Ni un minuto tarde. El abogado José Moreno Reyna jamás ha llegado tarde a nuestros compromisos de brindis y abrazos. Esta vez tampoco fue la excepción. Llegó a las 14:30 horas exactamente. Ni un minuto tarde. La cita para charlar y comer se pactó en el bar del Casino de Saltillo, lugar que ahora y desde marzo de este año, Moreno Reyna dirige: fue electo como su presidente para un periodo de dos años. Va iniciando su ruta y recorrido. Atildado en el vestir (usted lo sabe, atiende cotidianamente su acreditado despacho especializado en temas laborales), llega con diversos documentos y carpetas en sus manos, tanto de su bufete de abogados como de temáticas pendientes del Casino de Saltillo. 

Edificio emblemático, de arquitectura del siglo 19 mexicano; pero sobre todo, el Casino de Saltillo tiene en sus salones, escaleras, vitrales y decorados, el toque de aridez, la sequedad del inmenso desierto coahuilense, pero con la calidez y belleza que emana de nuestra gente y el bullicio atado a sus paredes, que fueron edificadas (ordenadas) en 1854 por un prestigiado abogado, Carlos Fuero. José Moreno invita a la vez a su gerente, Carlos Gutiérrez, a un recorrido por los pasadizos secretos, los túneles poco conocidos del edificio e incluso lugares a la mano poco o nunca frecuentados por sus socios. Generosos ambos, abren todas las puertas para que este cronista, sin ser socio, deambule por sus corredores, sus salas de juntas, el bar, los dos amplios comedores/restaurantes, su cantina/salón el “Onix” y en fin, por todo cuanto rincón se me antoje. Aquello es deslumbrante. 
Moreno Reyna me cuenta de que son alrededor de 180 socios en activo, con casi igual número de socios honorarios. Es decir, los honorarios no pagan ya su cuota anual, pero tienen acceso a todas las actividades y a los restaurantes y al bar que ahora lucen renovados. Caray, me voy dando cuenta de un pequeño Museo que está montado en un bello y extraño sótano del Casino. Con aparatos de comercio de la época (máquinas de escribir, cajas registradoras gigantescas), mobiliario antiguo, vestidos ampulosos de colección y decenas de fotografías, aquí se cuenta visualmente la historia del Casino de Saltillo. En una de ellas, el presidente Fráncico I. Madero y su esposa son agasajados con gran cena baile en su honor. Bellísima fotografía. Amén de ello, hay un extraño elevador hacia la parte, digamos, de atrás del edificio (perdí la noción de la ubicación, aquello está intercomunicado con decenas de puertas). Un elevador casi manual, antiguo, que se conserva íntegro y en funcionamiento como en los tiempos gringos de héroes y bandidos y bajo la tutela de Eliot Ness y sus intocables. 

ESQUINA-BAJAN
Y aquí es dónde el punto neurálgico ha llegado. El Casino de Saltillo usted lo sabe, es sólo para socios y sus invitados. Tipos de la calle como su servidor, pues no, no pueden entrar. Pues bien, su presidente, José Moreno Reyna me dice, mientras escancia un vino tinto merlot del Valle de Parras, que los socios son los dueños jurídicos del Casino de Saltillo; pero el Casino es, social y culturalmente, de toda la sociedad de Saltillo y Coahuila. Tiene razón. ¿Cuánta gente, cuántos seres humanos no han transitado diariamente frente a su fachada, frente a su terraza y sus ventanales rumbo a su trabajo, rumbo a  sus compromisos, y jamás, jamás han entrado a refrescarse con una buena cerveza, bastimentarse con una buena botana o almuerzo, y sí, deleitarse con su bella arquitectura y ambiente? 

Doy la noticia: el presidente del Casino, Moreno Reyna, habla de que dentro de poco tiempo (lo va a someter a votación de socios y Junta Directiva), el Casino de Saltillo abrirá sus puertas un día preestablecido a la semana para todo aquel ciudadano que quiera ir a sus restaurantes a merendar, a su bar a refrescarse y, claro, a admirar la arquitectura que es patrimonio de todos. Los precios de sus restaurantes y bar, hay que decirlo, son una bicoca, comparados con los merenderos de este nivel de excelencia. Máxime que ahora oficia en sus fogones un chef que tiene toque y sazón, don David Martínez. 

La tarde se hizo noche. La charla fue de un tema a otro y el chef Martínez nos agasajó con un plato de champiñones huérfanos, tacos Gobernador (carne asada y camarón) y, como plato fuerte, salmón en salsa de mernier (en mi caso) y un filete Migñón de infarto, para el abogado Moreno Reyna. Se respira un ambiente agradable y fraterno. Acodados en otras mesas, los socios y parroquianos de toda la vida me trataron como uno más de ellos. Gracias. Los meseros y maître del lugar, gentiles, se saben el último chascarrillo de moda o la noticia  nacional de titulares. Todo, mientras se disfruta en su sonido una buena música de jazz clásico. ¿Usted conoce el Casino? Sin duda, si el proyecto cuaja, será bien visto por toda la sociedad saltillense. 

LETRAS MINÚSCULAS
Pues sí, entonces y sólo entonces el tal Cedillo será en su patética vida, un tipo de Casino. Del Casino de Saltillo.