Cuando niña, Ruth Briceño supo que quería ser docente y desde entonces tenía su ‘jardín de niños’ en su casa. Foto: Vanguardia/Omar Saucedo
Cuando niña, Ruth Briceño supo que quería ser docente y desde entonces tenía su ‘jardín de niños’ en su casa
Hay que tenerle amor a la profesión y prepararse continuamente para poder enseñar, los maestros actuales deben adaptarse a la época”.
Ruth Briceño, maestra.

Ruth Briceño, supo que quería ser maestra desde los nueve años, en aquel entonces ya tenía en ella esa vocación por enseñar y compartir lo que aprendía con los demás.

A esa edad se le ocurrió que era buena idea ayudar a niños que iban en Preescolar y fue así como inició su carrera, en el patio de su casa, donde los niños de cinco años ya le decían maestra y ella les enseñaba lo que sabía.

Ahora, luego de 50 años de ejercer su profesión, siente un enorme gusto al toparse con sus ex alumnos y ver que son hombres y mujeres de bien, le agrada saber que ella contribuyó a que sean lo que son ahora, profesionistas y hasta alcaldes.  

Dice que para ser maestro se debe tener vocación, que si no se tiene entonces no se podrán hacer las cosas con amor, ya que enseñar a los niños requiere de paciencia y dedicación, pues un maestro influye en la vida de un niño de una forma trascendental.

“Fue algo que me vino desde niña, siempre supe que quería hacer esto, yo en casa tenía un jardín de niños, atendía a mis amiguitos del barrio, es una de las anécdotas que más recuerdo, yo estoy enamorada de mi profesión, ver a mis alumnos es algo fabuloso, el ver a esos chiquillos que fueron mis alumnos y que me reconozcan y me quieran, es algo formidable que me llena”, dice nostálgica.

Los ojos de la maestra Ruth se llenan de lágrimas, le da emoción recordar a sus alumnos y todo lo que vivió con ellos, le estremece el corazón saber que sus enseñanzas y consejos llevaron a muchos por el buen camino y que siempre estuvo ahí para ellos.

Este maestro con 50 años de trayectoria aún ejerce y desea hacerlo por mucho más tiempo. Foto: Vanguardia/Omar Saucedo

“Hay que tenerle amor a la profesión y prepararse continuamente para poder enseñar, los maestros actuales deben de adaptarse a la época y con base en ello sabrán cómo trasmitir el conocimiento, yo les agradezco a los padres el haber puesto esos niños en mis manos y haberme permitido moldearlos y ahora verlos ser profesionistas y hasta un Presidente Municipal, como lo fue Cipriano Portales en Múzquiz”, agrega orgullosa.

Aunque ya no ejerce la docencia, actualmente sigue trabajando en el mundo educativo como supervisora escolar, este Día del Maestro fue galardonada con la presea a la trayectoria por 50 años de compartir su conocimiento con los niños.

Amor por la profesión

Jesús Barrios Ramos siguió el camino de su padre, el de la docencia. Es originario de General Cepeda, 
donde descubrió su vocación por la enseñanza, creció y aprendió que un maestro debe de ser paciente, dedicado y sentir amor por su profesión.

Cuando terminó sus estudios como maestro, hizo sus primeros servicios en Oaxaca, estuvo ahí durante cuatro años, pero después tuvo la oportunidad de regresar a su ciudad de origen.

“Yo soy de General Cepeda, mi padre fue maestro y por influencia de él decidí también dedicarme a la docencia, mi primer servicio lo desempeñé en el Estado de Oaxaca, ahí estuve cuatro años y pude regresar a mi tierra”, relata.

Jesús cumplió ya 50 años de enseñar, recibió una presea como reconocimiento a su esfuerzo y compromiso con la docencia, dice que su profesión le deja muchas satisfacciones, entre ellas, ver la sonrisa de los niños cuando han aprendido algo. “La sonrisa de los niños es una recompensa enorme, para ser un buen maestro se necesita vocación, me da mucha satisfacción cuando me encuentro a mis alumnos y ver que ya son personas hechas y derechas; hay maestros que fueron mis alumnos y me da gusto ver que siguieron mis pasos”, agrega orgulloso.

Como maestro ha ayudado a muchos niños, recuerda con cariño a una pequeña que era muy callada y reservada, pero que un día se le acercó a pedirle ayuda para participar en un concurso de declamación, lo cual lo sorprendió, pero no dudó en orientarla, su alumna ganó el segundo lugar, esta experiencia le demostró que si un niño confía en su maestro, todo es posible. “Uno le abre un mundo a los niños”.