Centro cultural. Actualmente alberga eventos artístico y culturales.Deterioro. En estas condiciones se encontraba antes de 2007. | Foto: Mauro Marines/Especial
La antigua hacienda fue donada al estado en 1987, tras años de abandono y deterioro; en 2016 abrió sus puertas al arte con rostro restaurado
Construida en a finales del siglo 19 la Quinta Carolina ha sido desde siempre una joya del paisaje chihuahuense y de la época porfirista, aunque su historia no está exenta de violencia y abandono a la que estuvo sujeta por décadas hasta su restauración en 2007, terminada en 2016.
 
Actualmente funge como centro cultural, sede de importantes eventos en la capital del vecino estado tales como la jornada de trabajo Milpas Culturales y una Feria del Vino en mayo así como el Primer Coloquio de Periodismo Cultural 2.0 la semana pasada, en cuya inauguración la arquitecta Abril Rubio, directora del centro, contó a los asistentes la historia de este lugar.
 
“Es una hacienda en sí y haciendas hay muchas y en Chihuahua Luis Terrazas tenía más de 60, pero una hacienda es una actividad productiva [] había una persona encargada y un grupo de gente que vivía en torno a esta actividad. En la hacienda se llevaban procesos de ganadería, cultivo y se exportaban a los Estados Unidos y el centro de México”, explicó.
 

Luis Terrazas fue un político, empresario y militar chihuahuense, uno de los más grandes terratenientes del país y gobernador de ese estado en más de una ocasión, por breves periodos de tiempo, debido a la inestabilidad política durante la Guerra de Reforma.

En 1852 contrajo matrimonio con Carolina Cuilty Bustamante y en 1896 compra la antigua “Labor de Trías” para construir en su lugar una casa de campo que obsequió a su mujer por el “Día de las Carolinas”, y ocho años después se convirtió en este emblemático conjunto arquitectónico.

“Su inauguración fue un evento muy importante en la ciudad de Chihuahua”, comentó, “también fue importante que se trajeron un tranvía desde el centro de la ciudad hasta acá, que era lejísimos”.
 
“Este tranvía era eléctrico”, agregó, “Luis Terrazas decía que era para que los 300 habitantes se movieran de la ciudad a esta zona pero realmente también servía para iluminar la casa. Era la única construcción acá al norte que tenía iluminación eléctrica; cosa extraña, porque no tenía sistema de drenaje ni tubería de agua”.
 
El conjunto cuenta con la casa mayor, diseñada como un grupo de habitaciones alrededor de un salón principal, con entradas viendo al oriente y poniente, así como una cochera —para los antiguos carruajes—, la casa del administrador, una pequeña iglesia, establo y hasta un pequeño lago privado, que se secó con el tiempo cuando se explotaron los mantos acuíferos de la zona.
 
“Eran más de 300 hectáreas las que formaron parte de la hacienda”, comentó la arquitecta.
 
En 1916 fue confiscada por el general villista Manuel Chao y al terminar la Revolución la casa fue devuelta a la familia Terrazas.
“En 1930 regresan la propiedad a la familia y retoman sus actividades productivas”, señaló, “pero como suele pasar, cuando uno recupera sus propiedades después de que se las robaron no se siente igual, entonces la familia dejó de darle importancia a la casa”.
 
Poco a poco tanto los Terrazas como los trabajadores fueron abandonando la casa hasta 1960, cuando se registra el desalojo total.
 
Durante los siguientes años la falta de mantenimiento y el daño intencional de quienes, aseguró la arquitecta, no tenían en buena estima a Luis Terraza, llevó a la ruina a la Quinta Carolina, hasta 1987 cuando se donó el espacio para su posterior restauración, trabajo que comenzó hasta 2007.
 
Rubio comentó que en el proyecto buscaron un equilibrio entre preservar lo original, tanto como fuera posible, y en aquellos detalles de los cuales no tuvieran registro para su reproducción, con la intención de no inventar cosas, como sucedió con el domo del salón principal, decidieron acondicionarlo a un estilo contemporáneo.
 
El acuerdo, no obstante, para la donación, sólo incluyó el inmueble contenido en la barda perimetral, por lo que la iglesia, la cochera y otros edificios al exterior aún permanecen en ruinas, como propiedad privada. El nuevo Centro Cultural Quinta Carolina abrió sus en 2016 y desde entonces ha sido sede de actividades artísticas y culturales; la más constante es de una escuela de música para niños.
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