Foto: Omar Saucedo/VANGUARDIA.
Durante el evento inaugural también se develó una placa con la bautizan al auditorio con el nombre de Javier Villarreal Lozano, su primer director, y otra para reconocer el trabajo de restauración en la antigua puerta por la calle de Bravo

Desde sus inicios, el Centro Cultural Vito Alessio Robles (CECUVAR) ha dedicado su labor al resguardo del patrimonio cultural del noreste de México. Su fundación fue a raíz de la donación del acervo de don Vito Alessio Robles y a lo largo de los años se ha enriquecido con más donativos de artistas, historiadores y sus familias, mismo que ahora está en exhibición en sus instalaciones.

Con la exposición “Donantes y donaciones” el CECUVAR reconoce la confianza que decenas de individuos y entidades han puesta en esta institución para salvaguardar el legado bibliográfico, hemerográfico, artístico y documental, en sus más de dos décadas de trabajo.

El evento inaugural se realizó este jueves 4 de junio con la presencia de algunos de los donantes, así como de la directora del centro, Esperanza Dávila Sota, y del Secretario de Educación de Coahuila, Higinio González Calderón.

Esperanza Dávila Sota, directora general del CECUVAR.

“La donación en 1998 de la importante biblioteca de don Vito Alessio Robles a la que se agregó la valiosa colección de don Óscar Dávila, fue el detonante que dio origen [al nacimiento del CECUVAR] y su sustento a sus actividades”, comentó durante la inauguración Dávila Sota.

“El patrimonio original del CECUVAR, compuesto por libros, manuscritos y documentos fechados entre los siglos 19 y 20 y 16, 17 y 18, se ha presentado con fotografías y piezas artísticas ejecutadas en diversas técnicas y materiales”, agregó y destacó que de dos acervos con que inició el centro ahora cuenta con 13.

Por su parte, González Calderón recordó lo ocurrido con la biblioteca de Artemio de Valle Arizpe, que después de ser disputada entre sus familiares se perdió, y por lo mismo agradeció la labor del CECUVAR, asegurando que, de haber existido esta institución en tiempos del escritor e historiador coahuilense, habría puesto, sin duda, su legado al resguardo del centro.

Guardián del arte

Las obras artísticas que están en exhibición y que forman parte del patrimonio público coahuilense abarcan muy distintas técnicas, materiales y periodos. Algunas de las más recientes incluyen el trabajo de Lucille Wong, quien expuso aquí mismo en 2018 y donó en esa ocasión un paisaje que hizo del valle de Cuatrociénegas.

En el recorrido también se pueden encontrar obras de Alicia Villarreal, Nicolás Moreno, Carmen Harlan Laroche, Fernando Fuentes Cortés, Mercedes Murguía y David Isunza, así como María Eugenia Gamiño, Roberto Ramos, Ramiro Ricardo y Otilio Peña.

Entre las piezas más antiguas se ubican dos retratos de Vito Alessio Robles, uno hecho al pastel por Jorge Vázquez Luna y otro al óleo por Alberto Fuster, además de la donación de hecha por la familia Sánchez Navarro que consta de tres retratos al óleo hechos entre los siglos 18 y 19 a miembros de la familia y que dan cuenta de la época.

Asimismo se puede apreciar el trabajo fotográfico documental que Elisa Rodríguez Lobo y Lawrence T. Jones III pusieron a resguardo en el CECUVAR. Esta última serie de fotografía hecha a modo de tarjeta estenográfica, por lo que sus escenarios coahuilenses pueden verse en una suerte de tridimensionalidad; sin mencionar la obra de Elena Huerta, tanto grabados como el mismo mural que adorna el patio principal del edificio, hecho en colaboración con Mercedes Murguía.

Reconocimientos y restauraciones

Durante el evento también se develó la placa con la que se bautiza al auditorio del recinto en nombre de su fundador y primer director, Javier Villarreal Lozano, que estuvo al frente del mismo durante sus primeras dos décadas de existencia y quien falleciera el pasado 24 de octubre del 2020.

A la develación asistieron su hija y su nieta, quienes agradecieron el homenaje al también escritor e historiador y corresponsal en Coahuila de la Academia Mexicana de la Historia.

Para finalizar también se develó una placa con la que se da a conocer el trabajo de restauración efectuado sobre el portón que da a la calle de Bravo —y que la nombre como ‘Puerta La Antigua’—, de más de 200 años de antigüedad y que en sus orígenes fungió como puerta de servicio a la casona. Esta, de acuerdo con la encargada del trabajo de rescate, tenía detalles en la herrería, como motivos vegetales y animales, que habían quedado ocultos bajo capas de pintura colocadas ahí a lo largo de los años. Ahora se puede apreciar como lo fue en su origen.