En 2012 Daron Acemoglu y James Robinson escribieron uno de los libros de economía más importantes de la última década, llamado “¿Por qué Fracasan los Países?”, que ofrece evidencia sólida que nos ayuda a responder una pregunta toral para el desarrollo económico de los países: ¿por qué algunos países logran generar un círculo virtuoso que propicia su crecimiento económico y otros no?

Los autores desmitifican las explicaciones culturales, geográficas o genéticas a través de datos y ofrecen una explicación simple, pero poderosa: contar con instituciones que garanticen los derechos de propiedad, que le den certidumbre y generen confianza en los inversionistas. Ello se desagrega en un marco legal sólido, tribunales independientes, órganos reguladores autónomos, división de poderes, libertades de mercado y la existencia de mecanismos de defensa.

La lógica es impecable, si vas a tomar la decisión de invertir lo que deseas es la seguridad de que los cambios en el gobierno no se traducirán en expropiaciones, en incumplimientos de contratos, en cambios abruptos en las reglas de juego, incluyendo los impuestos y los aranceles.

A los inversionistas les encanta la certidumbre y si no la tienen buscan otras opciones que tengan menos riesgo, por ende, las economías que más han progresado son las que aprendieron a generar incentivos para que los inversionistas se sintieran seguros, generándose así un círculo virtuoso, ya que las inversiones atraen a más inversiones, generan empleos, se fomenta la innovación, se pagan más impuestos, hay más dinero circulante y, por ende, más oportunidades de negocio.

En este punto reside el mayor error en la estrategia económica del actual Gobierno Federal: ha mandado malas señales a los inversionistas internacionales que generan incertidumbre y desconfianza, al tiempo que eleva el riesgo.

Ejemplos de lo anterior hay muchos, pero basta recordar tres: el primero es la cancelación del Aeropuerto en Texcoco, en el cual habían invertido muchas empresas extranjeras; el segundo es la cancelación de un contrato para la construcción de un gasoducto por parte de la CFE, que se había asignado a la empresa IEnova, que causó perdida en el valor de las acciones de la empresa y una protesta formal del gobierno de Canadá; y la tercera es la descalificación frontal del gobierno a las calificadoras como Fitch, Standard & Poors y Moody’s.

Cuando un inversionista, que puede colocar su dinero en muchos países, observa que hay uno en donde emiten señales cambiantes, se caen contratos firmados o se cancelan proyectos, donde además desdeñan las señales económicas, es previsible que decida mejor llevar su dinero a otra parte, ya que oportunidades de negocio hay en muchos lugares.

El Gobierno de México debe enderezar el rumbo, ya que las señales de desaceleración económica son claras: caída de la inversión extranjera, baja generación de empleos y pobre crecimiento económico. Aún no es tarde para evitar una crisis económica, pero el Gobierno debe aprender a dar certidumbre a los mercados.

@victorsanval

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