Especial

Ayer se confirmó una mala notica que se veía venir: la Comisión Federal de Electricidad (CFE) decidió “aplazar” –de forma indefinida, se entiende– el lanzamiento de la convocatoria para licitar la compra de entre 1.2 y 2 millones de toneladas de carbón a pequeños productores coahuilenses.

De acuerdo con lo expuesto por el gobernador Miguel Ángel Riquelme, la “explicación” del director General de la CFE, Manuel Bartlett Díaz, es que “no se ha definido la capacidad de producción” de las plantas que la empresa estatal opera en Nava y por ello no puede establecerse las necesidades de abastecimiento del mineral.

No hace falta ser experto en generación de energía eléctrica o conocer la demanda –global o desagregada– del País, para llegar a la conclusión de que tal argumento es solamente una excusa de muy baja factura para seguir difiriendo el cumplimiento del compromiso establecido con los productores coahuilenses de carbón y el Gobierno del Estado.

Pero si se requiriese información puntual para contrastar el dicho del titular de CFE, basta consultar en línea los informes anuales de la paraestatal para tener claro cómo –si algo debe hacer dicha empresa– es planear con todo detalle su producción, pues de otra forma pondría en riesgo el suministro de energía para múltiples actividades.

De acuerdo con el informe de actividades 2018 –el más reciente disponible en línea–, la CFE realizó ese año al menos media docena de licitaciones para adquirir poco más de 32 millones de toneladas de carbón para sus plantas de generación de energía eléctrica.

La adquisición de estos volúmenes de mineral implicaron, en 2018, una erogación de 36 mil 266 millones de pesos y, de acuerdo con el mismo informe, esta cifra fue 78 por ciento superior a la erogada en 2017 en ese mismo rubro.

Claramente la adquisición de tales volúmenes de mineral y el desembolso de la cantidad referida no se deciden de la noche a la mañana, sino que son producto de un complejo proceso de planeación.

Que la CFE se escude en un argumento baladí para “justificar” el enésimo aplazamiento de la licitación ofrecida obliga a cuestionar cuáles serán las verdaderas razones detrás de la decisión.

La voz popular aconseja, con tino, pensar mal para acertar. Y en este caso el suceso que invita a pensar mal es el proceso electoral en marcha en Coahuila, mediante el cual se renovarán los 25 asientos del Congreso local, uno de los pocos del País que no controla el partido del Presidente.

¿Es acaso el desarrollo de este proceso electoral lo que está influyendo en la decisión de la CFE para no lanzar la convocatoria a la licitación, pues lo que se quiere es utilizar dicho procedimiento para obtener una ganancia electoral?

Resultaría muy lamentable que esa fuera la causa real detrás de las “tácticas dilatorias” del director general de la paraestatal, pues al margen de los votos que puedan obtener uno u otro bando, lo que está en juego no es un resultado electoral, sino la economía de toda una región.