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Los siniestros activos afectan a las comunas de Santa Cruz, Pumanque, Marchigüe, Paredones, Pichilemu y Chepica.

Una ola de calor sin precedentes, la sequía y la negligencia humana se han aliado para convertir a Chile en un polvorín durante el verano austral, con más de 2 mil 600 incendios forestales que ya han calcinado más de 127 mil hectáreas, los peores registros del último medio siglo.

La Oficina Nacional de Emergencia (Onemi), dependiente del Ministerio del Interior, informó hoy que solicitará apoyo internacional para combatir "los peores incendios forestales que no conocía en su historia", que afectan a diversas regiones en el país.

El director de la Onemi, Ricardo Toro, dijo que "se realizan las coordinaciones, junto al Ministerio de Relaciones Exteriores para solicitar apoyo internacional a los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, México, Argentina, Brasil, Uruguay y Perú.

"Estamos enfrentando los incendios del futuro. Son incendios con tormentas de fuego y explosiones, que en un minuto consumen una hectárea", dijo por su parte Aarón Cavieres, presidente ejecutivo de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), el organismo estatal que tiene a cargo las políticas de prevención y lucha contra el fuego.

El número de incendios desde mediados de 2016 hasta la fecha, y sobre todo la superficie devastada por las llamas, han tenido un incremento sin parangón desde 1963, cuando la Conaf empezó a recopilar la información de los incendios forestales.

En el periodo actual de la temporada 2016-2017, que va del 1 de julio de 2016 al 31 de julio de este año, se han originado 2 mil 681 incendios que han afectado casi 128 mil hectáreas, lo que supone un incremento del mil 275 % si se compara con las 9 mil 263 hectáreas que habían sido arrasadas hace un año en la misma fecha.

Los siniestros activos afectan a las comunas de Santa Cruz, Pumanque, Marchigüe, Paredones, Pichilemu y Chepica.

La situación más crítica es la de la región de O'Higgins, en la zona central del país, donde las últimas semanas se han quemado más de 56 mil hectáreas, un 3 mil 433 % más que el año pasado, según cifras de la Conaf.

Una gran parte de ese territorio ha sido devastado por las llamas de un voraz incendio que afecta la zona de Pumanque, unos 210 kilómetros al sur de Santiago, que en apenas tres días ha quemado más de 24 mil hectáreas de vegetación y plantaciones y ha arrasado con varias viviendas.

Este viernes, la presidenta Michelle Bachelet decretó "zona de catástrofe" a las provincias de Colchagua y Cardenal Caro en la región de O'Higgins y para las comunas de Cauquenes y Vichuquén en la Región del Maule, con el fin de destinar todos los recursos necesarios.

FUEGO SIN PRECEDENTES
La Conaf advierte de que los incendios de este verano muestran una fiereza y una agresividad inéditas, y lo atribuyen a la confluencia de varios factores.

Uno de ellos, explica el director ejecutivo del organismo, son las temperaturas récord, con termómetros que se elevan por encima de los 37 grados durante varios días seguidos en las zonas de mayor riesgo de incendio.

A este respecto, la organización Greenpeace afirma que la situación obedece a los efectos del cambio climático en Chile, que se encuentra entre los diez países más afectados por ese fenómeno.

"El cambio climático es el gran reto medioambiental al que ya nos estamos enfrentando como país y las altas temperaturas están influyendo de manera decisiva en el explosivo aumento de incendios forestales que están afectando nuestro país", dijo en un comunicado Matías Asun, director de la ONG en Chile.

También incide la severa sequía que sufre la zona central de Chile desde hace ocho años. La vegetación muere y se convierte en una especie de combustible que arde velozmente y el fuego se propaga con facilidad.

Finalmente, según el responsable de la Conaf, aparece el factor humano, que es el desencadenante de todos los incendios en Chile, aunque no todos sean intencionados.

"Chile es un país que ha vivido con tranquilidad el uso del fuego. Hay una cultura relajada con el uso del fuego que debe terminar", advierte Aarín Cavieres.

La gran mayoría de los incendios accidentales esconde acciones negligentes de las personas como hacer asados en zonas de riesgo, calentar comida al aire libre o quemar desechos agrícolas, algo prohibido por las autoridades, señala Cavieres.

Desde hace varias semanas, miles de brigadistas de la Conaf, bomberos, militares y brigadas de empresas privadas forestales trabajan por tierra y aire para extinguir las llamas de decenas de incendios, principalmente en las regiones Metropolitana, Valparaíso y O'Higgins.

Pese a la emergencia, el presidente ejecutivo de la Conaf considera que Chile cuenta con recursos humanos y materiales adecuados para hacer frente a la situación, entre los que se incluyen mil 700 brigadistas del organismo.

Cavieres destaca que el presupuesto de la Conaf para prevenir y combatir los incendios ha aumentado de 22 millones de dólares a 39 millones, así como la capacidad de los aviones, que ahora pueden cargar 43 mil litros de agua para apagar el fuego.

Sin embargo, la situación es crítica. Chile arde en llamas y las perspectivas no son halagüeñas. A falta de dos meses para que acabe el verano austral, casi un centenar de incendios siguen activos y ya se ha calcinado una superficie superior a la del resto de años desde 1963.