Imagen del Centro de Monitoreo. Aquí, cuatro minutos antes de la fuga, cuando ya se escuchaban los martillazos en la celda de “El Chapo”. Foto: Cortesía
Mientras ‘El Chapo’ se escapaba de su celda y se escuchaban voces y martillazos dentro de ella, los encargados de monitorearlo estaban jugando ‘solitario’ en sus computadoras.

Para los investigadores de la PGR, la pieza clave para la fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán fue Celina Oseguera Parra, hasta hace unas semanas coordinadora General de Centros Federales de Prevención y Readaptación Social de Gobernación, ya detenida.

Con un larguísimo currículum en el sistema penitenciario mexicano, conoció personalmente al líder del Cártel de Sinaloa cuando ambos coincidieron en el penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco. Él interno, ella directora. 

Luego ella fue mandamás en las prisiones de máxima seguridad de Almoloya y Matamoros, y en 2001, cuando escaló a Directora General de Prevención y Readaptación Social de Seguridad Pública Federal, “El Chapo” se pudo escapar por vez primera.

Luego bajó de nivel y se encargó sólo de las cárceles del DF. A los cuatro meses de que Guzmán Loera fue recapturado, Celina Oseguera regresó a “Las Grandes Ligas”, otra vez a coordinar todos los penales de máxima seguridad. Un año después se fugó “El Chapo” por segunda ocasión.

La PGR sospecha que Oseguera aprovechó ese año para colocar en las posiciones estratégicas de Almoloya a gente de su confianza que, llegado el momento, le dieran a “El Chapo” Guzmán lo único que necesitaba: tiempo.

De acuerdo con la averiguación previa, a la que he tenido acceso, el denominador común en el comportamiento de todos los encargados de mantener a “El Chapo” tras las rejas es que se tomaron las cosas con calma.

El que en ese momento era director general del Altiplano, por ejemplo, Valentín Cárdenas Lerma, también detenido. Hace 15 años trabaja a la vera de Celina Oseguera. Desde febrero recibió reportes de que Joaquín Guzmán Loera planeaba una fuga. Según los peritajes a los sistemas de seguridad del penal a su cargo y los testimonios recogidos en la indagatoria, no redobló los blindajes a pesar de que sabía de las deficiencias:

Desde 2012 no sirve el sistema geofónico, que detecta intrusión subterránea. La noche de la fuga no funcionaban los sistemas electrónicos de seguridad de áreas perimetrales. Los sensores de escalamiento de amalla Intellifiber, de microondas Intelliwave, los volumétricos de cable enterrado Perimetrax, losde movimiento con traza de trayectoria Dream Box y los de presencia de ductos y azoteas Piramid estaban instalados pero desconectados del sistema central Starnet 1000. El brazalete de monitoreo de “El Chapo” no servía. Y encima, al momento de la fuga, Valentín Cárdenas estaba ausente sin permiso. 

El expediente deja el aroma de que para ser casualidades, son muchas. 

Una cadena de mando, que involucra a una veintena de funcionarios públicos, la mayoría de ellos detenidos, se aletargó –la sospecha es que intencionalmente–ante la fuga. La primera alerta se dio 18 minutos después del escape. Justo el tiempo que se estima empleó El Chapo para recorrer el túnel. Y aunque hubo llamadas y conversaciones entre celadores y jefes, el Código Rojo se activó dos horas y media más tarde. 

Tiempo era lo único que necesitaba. Tiempo le dieron. ¿Por qué? Eso no está aún en la averiguación previa. 

Jugaban ‘solitario’ mientras ‘El Chapo’ se fugaba 

En un cubículo de unos siete metros cuadrados dentro del penal de “máxima seguridad” del Altiplano, dos agentes del Cisen tenían la misión de monitorear a “El Chapo” Guzmán.

Según sus declaraciones, que constan en la averiguación previa, cuatro minutos antes de que se fugara, a las 8:48 la noche del 11 de julio, su pantalla se pasmó, por lo que reiniciaron el equipo y cuando volvió la imagen… “El Chapo” ya no estaba. Dijeron que en ese momento hicieron como treinta llamadas al Centro de Monitoreo de Almoloya para alertarles, pero nadie les contestó. 

Sin embargo, el juez que lleva la causa consideró que Juan Carlos Sánchez García y José Daniel Aureoles Tabares mintieron: les dictó auto de formal prisión porque los peritajes técnicos concluyeron que la imagen nunca se congeló, que jamás resetearon el equipo y que las llamadas sólo fueron tres.

El Centro de Monitoreo es una oficina de unos 50 metros cuadrados donde trabajan una docena de empleados de la Comisión Nacional de Seguridad. Su misión era la misma: vigilar por video a presos, pasillos y puertas. 

Pero esa noche, mientras “El Chapo” se escapaba de su celda y se escuchaban voces y martillazos dentro de ella, los encargados de monitorearlo estaban jugando “solitario” en sus computadoras y varias de sus pantallas estaban apagadas. Un video que presentó la PGR ante el juez que lleva la causa, los exhibe: 

Parece escena de “Viruta y Capulina”: en el momento en que, doce minutos después del escape, a las 9:04 pm, el jefe del Centro, Vicente Flores Hernández es avisado por teléfono de que “El Chapo” no está, como que todos hacen todo pero nadie hace nada: se paran, se sientan, caminan de un lado a otro, se paran, teclean en su computadora, lo dejan de hacer, chocan entre ellos, levantan el teléfono y lo cuelgan. 

La sospecha de las autoridades es que esta cadena de omisiones, esta sucesión de ineficacias, fue deliberada para darle al líder del Cártel de Sinaloa lo que necesitaba para fugarse: tiempo.

Hasta las 9:15 pm, cuando según los cálculos oficiales el capo ya había salido del túnel, Flores Hernández ordena que vayan dos custodios a la famosa celda 20. Juan Ignacio Cuarenta Orozco y Esteban Estrada Ramírez llegan calmadamente, tocan la puerta, lo llaman, se asoman y a pesar de no verlo ahí, se regresan caminando tranquilos. 

Al rato llega a la celda Roberto Cruz Bernal, supervisor de los custodios, entra por la regadera al túnel, lo recorre sin luz y a tientas, y hasta después de salir de él, a eso de las doce de la noche, hace lo que debieron haber hecho todos a las 8:52 de la noche: apretar el botón de su radio para activar el Código Rojo que hubiera bloqueado puertas de la cárcel, alertado a la zona militar contigua para iniciar la búsqueda, establecido retenes en carreteras y caminos aledaños, y hasta cerrado el aeropuerto de Toluca. Cuando lo hicieron, le habían regalado tres horas a “El Chapo”.

A todos los funcionarios aquí mencionados les fue dictado auto de formal prisión.

Saciamorbos

El agente del Cisen Aureoles Tabares declaró que en marzo supieron que “El Chapo” “andaba consiguiendo los planos del penal, que les pareció algo sarcástico pero aun así informaron a sus directivos”.