El gobierno tiene la obligación de responder y comprometerse a pagar las enfermedades producidas por la contaminación

Política y opinión pública no siempre comparten preocupaciones y desafíos. Con frecuencia es la sociedad la que propone cambios y exige modificaciones. Temas humanos como aborto y eutanasia se discuten y consideran por la presión ejercida por la comunidad, no por las huestes políticas, cuyos intereses, o caminan por otros lares, o denotan su impreparación para dialogar cuando la naturaleza de los temas requiere conocimiento. 

En otros tópicos los políticos no encuentran eco ciudadano y ejercen su voluntad a mandoble: cambiar el nombre de la capital es ejemplo vivo de ese ejercicio. Desde la política es trascendente sustituir el viejo nombre por uno nuevo. Foráneos y extranjeros tendrán que aprender: Ciudad de México es el nuevo nombre del Distrito Federal. Al unísono, los capitalinos nos debatimos entre los nombres previos y el que se impone, Ciudad IMECA. 

Vivimos tiempos IMECA. Los tiempos IMECA no son nuevos. Los padecemos hace décadas. La pregunta que nos hacemos los habitantes de la capital, aunque conocemos la respuesta, es ¿por qué ahora se angustian las autoridades si llevamos años respirando aires de mala calidad? Conocer la respuesta —impericia, incapacidad, favorecer construcciones, no invertir en transporte, talar árboles— profundiza enojo y desazón. Y lo profundiza más si a la respuesta previa se agregan otros factores de sobra conocidos por la ciudadanía e ignorados por Mancera, Ebrard, Robles et al: el número de topes —se estima que hay 130 mil—, el nuevo reglamento de tránsito que impide vueltas continuas y disminuye la velocidad, la cuestionable calidad de las gasolinas, las pésimas condiciones del transporte público y otra serie de avatares señalados por muchos columnistas. 

La historia de la calidad del aire es larga, tan larga como el fracaso de las autoridades para modificar los factores nocivos. Desde 1977, la Dirección General de Saneamiento Atmosférico de la Subsecretaría del Ambiente de la Secretaría de Salubridad y Asistencia (diecisiete palabras para una secretaría…) desarrolló el Índice Mexicano de la Calidad del Aire, IMEXCA, cuyas siglas fueron sustituidas en 1982 por IMECA. Modificar nombres,

Ciudad de México en vez de Distrito Federal, IMECA en lugar de IMEXCA, supongo, atendiendo a la lógica del poder, mejora los males. Modificar nombres no subsanará el tiempo perdido, los comercios afectados, el incremento del enojo ciudadano ni los daños a la salud. El descuido ancestral de los encargados de regir la capital no se subsana utilizando nuevos nombres. 

No es necesario ser médico para saber que la contaminación del aire es nociva. Basta ver, y casi tocar el aire para asegurar que no son pocos los efectos perjudiciales del aire defeño. El Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda) asegura, de acuerdo con los resultados del estudio Los derechos humanos y la calidad del aire, que “en 2015, la contaminación del aire y sus efectos en la salud provocaron alrededor de mil 823 muertes prematuras en la Ciudad de México”, amén de que “la mala calidad del aire propició además cuatro mil 494 hospitalizaciones y 247 mil 729 consultas médicas”. Desconozco la metodología del estudio e ignoro las razones para aseverar los hallazgos previos. No demerito la investigación y aunque debe ser difícil asegurar que la contaminación fue la razón de “247 mil 729 consultas médicas”, los hallazgos del Cemda exigen respuestas puntuales de las autoridades capitalinas, tan puntuales como el ofrecimiento de mejoras salariales a los empleados de empresas extranjeras que acepten laborar en la CDMX. 

Los hallazgos del Cemda agregan otros avatares: menor productividad, tiempo perdido e incremento en los gastos de salud. El gobierno a cargo de Miguel Ángel Mancera tiene la obligación de responder y comprometerse a pagar las enfermedades producidas por la contaminación. Debe también contestar a las afirmaciones del Instituto Mexicano para la Competitividad, quienes aseguran que, “la contaminación causa al año la muerte de cinco mil 65 personas, la hospitalización de más de 14 mil, pérdidas en productividad por más de tres mil 390 millones de pesos, además de gastos en salud por más de 700 millones”. 

Ciudad de México 2016: ¿Hoy hay doble no circula o “sólo” no circula “normal”?; ¿con cuántos IMECAS amaneció Ciudad IMECA?; ¿los IMECAS de la Ciudad de México son más nocivos que los IMEXCAS del Distrito Federal?; de acuerdo con los expertos de Mancera, ¿hoy conviene respirar menos veces que de costumbre? 

Notas insomnes. Hace años, con sorna, postulé que con el tiempo los científicos descubrirán el “Cáncer pulmonar variedad DF”, el cual hoy se denominaría “Cáncer pulmonar variedad Ciudad de México”. Ansío equivocarme.