Hace justo una semana, el pasado martes 26 de enero, una vez más el medio artístico hollywoodense se cubrió de luto con la muerte a los 94 años de edad de la actriz Cloris Leachman. 

Leachman hizo historia en el cine norteamericano desde el momento en que en los primeros minutos del clásico de cine negro “El Beso Mortal” (Robert Aldrich, 1955), aparece corriendo horrorizada en una carretera en lo que se convirtió en un literalmente estremecedor debut en el cine para en los años 70 seguir haciendo historia en otros clásicos en blanco y negro como “La Última Película”, de Peter Bogdanovich, que le dio a ganar el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto de 1971 por su interpretación de una ama de casa de un poblado texano que se relaciona con un hombre menor que ella, y en 1974 como la hilarante ama de llaves de un castillo donde se encuentra “El Joven Frankenstein”, que dirigió el genio de la comedia Mel Brooks, con quien trabajó otra vez en “Las ansiedades del Dr. Mel Brooks”, de 1977. 

En total contraste, el miércoles 27 de enero se conmemoró el centenario del natalicio de otra ganadora del Oscar, en su caso a la Mejor Actriz de Reparto de 1953 por la personificación de una sensual mesera que se enamora del personaje que interpretaba el actor Montgomery Clift en el clásico “De Aquí a la Eternidad”, de Fred Zinnemann: Donna Reed, nacida bajo el nombre de Donna Belle Mullenger, en Denison, Iowa. Tras ser descubierta por un buscador de talentos de la MGM y luego de debutar en el cine en 1941, Donna Reed interpretó uno de los personajes que la inmortalizaron en el imaginario colectivo de Estados Unidos, el de Mary Hatch dentro del clásico navideño “¡Qué Bello es Vivir!” (Frank Capra, 1946), donde hizo de la inolvidable pareja del actor James Stewart. 

Fue a finales de la década de los años 50 cuando, al tiempo en que se inició en el activismo en contra de la guerra de Vietnam y el armamentismo nuclear, Donna Reed ingresa con no menos éxito en la pantalla chica al protagonizar el show televisivo que llevó su nombre, producido por su segundo esposo, Tony Owen, que duró en su totalidad ocho años y le dio nominaciones consecutivas al Emmy de 1959 a 1962, así como la convirtió en una de las primeras líderes de opinión feministas de este medio en el que destacó hasta mediados de los años 80 cuando interpretó a la matriarca de la familia Ewing en el éxito televisivo “Dallas”, de 1984 a 1985, supliendo a la actriz original que fue Barbara Bel Geddes. Falleció el 14 de enero de 1986, a dos semanas de cumplir los 65 años de edad, a causa de un cáncer de páncreas.   

Hablando de actrices que hicieron historia en el Séptimo Arte hollywoodense y desde su propia trinchera dejaron su respectivo legado en el activismo por los derechos de la comunidad afroamericana en los Estados Unidos, el jueves 28 de nueva cuenta el medio artístico norteamericano se vistió de luto con la muerte a los 96 años de edad de la actriz Cicely Tyson, nacida el 14 de diciembre de 1924 en Harlem, Nueva York, de una madre sirvienta y un padre carpintero, pero quien luego de hacer historia inicialmente como exitosa modelo para el año de 1957 comenzó a actuar en obras de Broadway; fue nominada al Oscar a la Mejor Actriz de 1972 por “Sounder”, de Martin Ritt y apareció en otra película ganadora de la estatuilla como “Historias Cruzadas” (Tate Taylor, 2011) como nana de Emma Stone.  

A falta de ser distinguida por un Oscar en competencia, en el año 2018 hizo historia al convertirse en la primera mujer afroamericana en recibir uno honorífico por su siempre digna representación en pantalla. 

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