A Moreleando, en sus primeros tres años de  vida.

¿Cuál es la temperatura política de Coahuila en estos momentos? Fresca, aún. 
Miguel Ángel Riquelme se despide de la Alcaldía torreonense con “21 obras por una inversión de 540.3 millones de pesos”. Al anunciar esta inversión, ante empresarios, Riquelme aseguró que las obras estarían terminadas “cuando termine mi gestión, o cuando me vaya”.  Febrero o marzo definen la fecha de su partida, con cambios importantes en su equipo de trabajo. 

Lo reemplazará Jorge Luis Morán, secretario del Ayuntamiento; mientras Miguel Mery permanece como Primer Regidor. Riquelme migrará a la Secretaría de Desarrollo Social estatal. Y Rodrigo Fuentes Ávila, actual secretario de la misma, regresa a Torreón para trabajar su candidatura para la Alcaldía en 2018. Verónica Martínez asumiría la responsabilidad de competir por la Presidencia Municipal de un año, en 2017. 

Mario Cepeda papá, hace maletas para dirigir la CNOP Estatal. Mientras, Ricardo Saldívar, actual dirigente y Diputado local, lo acepta con reticencias. La llegada de Lauro Villarreal al CEN del PRI, como subsecretario de Elecciones busca apuntalar la candidatura de Riquelme desde la Ciudad de México. 

La maquinaria electoral riquelmista está en Torreón. Su apuesta –de obtener la candidatura- consiste en ganar de manera abrumadora los cinco municipios de La Laguna de Coahuila. Y conseguir los votos faltantes para ganar la Gubernatura en el resto de las regiones del Estado. La razón es una: Más allá de Torreón, la precandidatura de Riquelme no ha rebasado el voto duro de la estructura priísta. 

Jericó Abramo Masso, Hilda Flores, Javier Guerrero y Alejandro Gutiérrez (en estricto orden alfabético) se mueven con sigilo en Coahuila, pero con determinación estratégica en la Ciudad de México.

Cada uno de ellos, con excepción quizá, de Gutiérrez, quien puede optar por la ruta presidencialista de Manlio Fabio Beltrones, desplegará sus fuerzas en 2016 para obtener la candidatura en 2017. 

Ellos confían en estas premisas: Su posicionamiento político-estatal, el desgaste natural de una precandidatura largamente anunciada, la fractura interna de la estructura priísta, y las alianzas que tejen cada día dentro y fuera de Coahuila. 

Por ello, la temperatura política en Coahuila está fresca, todavía.