No. Desaparezca su sonrisa si es panista. Inmovilice sus corvas si es priísta. Coahuila no es panista todavía, aunque del 25 al 26 de agosto el PAN celebrará su Reunión Plenaria en Saltillo.

Ricardo Anaya, el dirigente nacional panista, pondrá en marcha los trabajos de esa Reunión para “elaborar la Agenda Parlamentaria que promoverán ante la Cámara de Senadores para 2017”. 

Mientras, Marko Cortés, coordinador de los diputados, y los gobernadores electos panistas analizarán “el actual contexto económico, nacional e internacional”. 
Armando Guadiana asumió su papel como anfitrión y los recibió con este espectacular: “Bienvenidos, Senadores del PAN, a la tierra de Humberto Moreira, a quien ustedes protegieron y exoneraron”.  Recordemos: Ernesto Cordero nunca ratificó la denuncia contra Moreira por la deuda contraída de manera ilegal. Y la PGR calderonista desestimó toda responsabilidad en su contra.

La astucia de Guadiana es evidente: Deslindarse del candidato panista a la gubernatura de Coahuila, en su búsqueda por precisar el origen y destino de la deuda heredada por Moreira. El mensaje es claro: Guadiana no tiene una doble moral. Los panistas sí. 

¿Por qué en Saltillo? El PAN busca dar un golpe de fuerza en el territorio del gobernador Rubén Moreira. Para demostrarle que el candidato panista a la gubernatura tendrá en 2017 el apoyo del CEN del PAN.

Sin embargo, la división del panismo coahuilense es evidente: Rafael Moreno Valle está detrás de Guillermo Anaya, Gerardo García y Luis Fernando Salazar, quién además cuenta con el apoyo de Roberto Gil Zwarth, presidente del Senado y cercano a Moreno Valle, y de Ernesto Cordero, senador panista ligado a Margarita Zavala. 

Ella también, por las dudas, arropa a Isidro López; mientras Ricardo Anaya juega con Marcelo Torres y Silvia Garza. El abandonado es Memo que presume de ser el mejor posicionado; mientras el fortalecido desde las alturas del PAN es Salazar. Sin embargo, ninguno de los dos es capaz de conciliar y unificar los intereses de los demás calefactos.

De ahí, el dilema panista: Dos candidatos fuertes, por distintas razones, con grandes dificultades para unificar su partido y pelear por la gubernatura en 2017. Así, ¿podrá Coahuila pintarse algún día de blanquiazul?