Ichiro Sacred. Pieza hecha ex profeso para este festival. Foto: Cortesía
El festival de arte que culmina siempre con la quema de una escultura gigante de un hombre contó en esta edición con la participación de un grupo de artistas e investigadores del estado

Cada año, en medio del desierto de Nevada, se erige una ciudad que permanece en pie por tan sólo unos días. El Festival Burning Man reúne en su efímero territorio a miles de artistas y turistas en un evento de interacción cultural y enriquecimiento del que ahora forma parte el legado mexicano.

Con la instalación “Ichiro, Sacred Beings” un grupo de artistas e investigadores huicholes y coahuilenses —entre los que se incluyen miembros del Museo del Desierto— se convirtieron en ciudadanos de Black Rock City junto a cientos de otras obras artísticas que invitan a la reflexión, la meditación, la relajación y, si, al juego.

La obra que llevaron al festival consiste en un par de réplicas de fósiles de dinosaurios adornadas con motivos de la estética huichol-wixárika, en un resultado que fusiona la tradición de un pueblo que se resiste a desaparecer.

“Primero metimos la solicitud y luego de que nos aceptaron nos dimos a la tarea de preparar esta pieza con dos grupos de huicholes, uno de Nayarit y otro de San Luis Potosí. 

Estuvimos casi 6 meses preparando la pieza, las réplicas de los fósiles con arte huichol”, comentó Arturo González, director del MUDE y miembro del equipo.

Una de estas piezas se expuso durante el Zapal 2018 en el área cultural, el sabinasaurio, de once metros de largo, adornada de manera similar. Sin embargo, en Nevada las obras principales serán un Tiranosaurio de 15 metros de largo y el Velafronsis Coahuilensis.

“La idea surgió el año pasado cuando montamos una pieza en Tehuacán, ahí vimos que con una réplica de un cráneo de dinosaurio trabajado desde el arte huichol podíamos tener algo interesante y lo que hicimos ahora fue hacerlo a una escala mayor, cubiertas completamente con arte huichol en una suerte de portal de tiempo para provocar una reflexión sobre el tiempo, la vida, y los procesos que existen en la naturaleza”, agregó.

Dado que se trata de un punto de encuentro de miles de artistas y autoridades del arte mundial, el Burning Man, que se celebró del 25 de agosto al 3 de septiembre, supone una oportunidad para obtener visibilidad internacional y con ello, apoyo monetario para el museo y el equipo de trabajo de Ichiro. “Es un festival donde muchas de las piezas se venden o se rentan. No tenemos ninguna propuesta todavía, pero si no es así la pieza regresará a Saltillo”, explicó González.

Los wixárikas y el T-Rex nos resistimos a desaparecer para siempre y aunque algún día nos extingamos se sentirá nuestra presencia”.
Isidro Ríos de la Cruz, artista Huichol.

¿Qué es Burning Man?

Este festival comenzó como un ritual de una hoguera en la costa de San Francisco a finales de los 80’s, en el que hacían arder al escultura de un hombre de madera de dos metros de alto, mientras que, a principios de los 90’s, otro grupo de amigos comenzó a desarrollar un encuentro artístico, con eventos de performance en el desierto Black Rock de Nevada.

Eventualmente unos retomaron la idea de otros y el “hombre en llamas” se incorporó al evento artístico, que desde entonces ha ido creciendo e incorporando a más de 20 mil visitantes cada año, con muy destacados artistas de talla internacional entre los creadores de sus efímeras instalaciones.

Visión-Hikuri

“Desde hace mucho, pero mucho tiempo, seguimos el camino que ons mostró nuestro hermano mayor Tamatsi Kauyumaire, materializado en un venado. Sus huellas nos guiaron al desierto de Wirikuta donde por primera vez comulgamos con el cáctus sagrado (Hikuri).

A este lugar sagrado acudimos año tras año a dejar ofrendas en agradecimiento a las deidades y pedir permiso a nuestros ancestros y a los espíritus que alguna vez habitaron este gran desierto para realizar la recolección del hikuri o peyote que representa el inicio de la vida.

En estas ceremonias le hikuri nos dota del conocimiento para hacer conexión con nuestros ancestros y recibir su sabiduría, que a su vez heredamos a las futuras generaciones para mantener el equilibrio con los cuatro elementos; agua, aire, fuego y tierra, el elemento principal.