Alejandro Medina
La Policía recorre la ciudad para imponer multas a los infractores

BOGOTÁ, COL.- Cuántos hombres. Hombres en la panadería, andando en bicicleta, hombres en los parques, en los pasillos de los supermercados.

“Es extraño”, dijo Adriana Pérez, una enfermera en pijama quirúrgica que esperaba en el banco, la única mujer a la vista. “Pero está funcionando”.

Bogotá, la capital y ciudad más grande de Colombia, se unió a Panamá esta semana al instituir una medida de prevención del virus basada en el género y diseñada para limitar el número de personas en las calles. En los días impares, los hombres pueden salir de casa para buscar lo esencial. En los días pares, les toca a las mujeres.

La medida se tomó debido a que las ciudades de toda América Latina están teniendo dificultades para mantener a la gente alejada de las calles a pesar de las órdenes de cuarentena que han estado en vigor desde hace varias semanas en la mayoría de los países.

El virus ha tardado más en llegar a esta región, pero está empezando a sentirse con fuerza brutal en algunas partes, en particular en Ecuador, donde cientos de personas han muerto en las últimas semanas, lo que ha abrumado el centro de negocios de Guayaquil.

“Cuanta menos gente haya en la calle, mejor”.
William Legizamón.

Colombia tiene alrededor de 3 mil de los más de 60 mil casos de América Latina, la mayoría de ellos concentrados en Bogotá.

Para detener la propagación del virus, algunos países de la región han empezado a detener a las personas que violan la cuarentena. Otros han instituido toques de queda. La capital de Colombia está haciendo la prueba de que los hombres y las mujeres no salgan al mismo tiempo.

Se hacen excepciones en los casos de las personas que trabajan en industrias fundamentales, como los servicios alimentarios y la atención a la salud, así como para algunos casos especiales.

Los paseadores de perros de cualquier género pueden salir 20 minutos. Pero fuera de estos casos, cualquiera que sea sorprendido rompiendo la regla recibe una multa de 240 dólares (5 mil 790 pesos mexicanos), aproximadamente el salario mínimo mensual en Colombia.

La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, la primera mujer y la primera persona abiertamente homosexual que dirige la ciudad, ha dicho que las personas transgénero circularán de acuerdo a la restricción según su identidad de género. Las autoridades, dice la orden de salud, deben respetar “las diversas manifestaciones de género”.

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La alcaldesa ha calificado la medida como la forma más fácil de dividir a la población de una manera que la policía pueda verificar.

Durante los dos primeros días de la medida, la policía sancionó a 104 mujeres y a 610 hombres por violar la orden, según López. Los infractores deben pagar la mitad de la multa en cinco días o enfrentar la posibilidad de comparecer ante un tribunal.

Perú había promulgado una medida similar, pero el presidente Martín Vizcarra la canceló tras las críticas de que conduciría a discriminación contra las personas transgénero.

A principios de este mes, Human Rights Watch criticó la política de separación de género de Panamá porque la policía la utilizó para detener y multar a una mujer transgénero que había salido de la casa un día asignado a las mujeres.

La policía la detuvo, afirmó el grupo de defensa de los derechos humanos, “aparentemente porque el marcador de género ‘masculino’ de su tarjeta de identidad no coincidía con su apariencia”.

La medida de Colombia recuerda a la más conocida política de tránsito de Bogotá, según la cual se restringe qué vehículos pueden salir en qué días, dependiendo del número final de la matrícula.

Bogotá, una ciudad de 8 millones de habitantes, suele tener uno de los peores congestionamientos vehiculares del mundo, y esa política es un rasgo definitorio de la vida en la ciudad en tiempos normales.

El país ya ha estado en cuarentena durante casi un mes, una medida que limita la mayoría de los desplazamientos y que ha sido particularmente difícil para las personas con trabajos informales que normalmente mantienen a sus familias con el trabajo que hacen ese día o esa semana.

Un miércoles, Yesica Benavides estuvo entre los hombres en una acera de Bogotá, tratando de vender dulces.

No tenía guantes ni protección facial, pues le había dado su único cubrebocas a su hija de 3 años, Nicole.

“Salimos todos los días”, dijo, con Nicole a su lado. Las dos han estado durmiendo en un motel y pagan su alquiler cada noche.

“Si no salimos”, comentó Benavides, “no comemos”.

Pero la medida atrajo elogios en varios rincones de la ciudad.

En el barrio de clase media El Recuerdo, la policía detenía a las mujeres para preguntarles por qué estaban fuera de sus casas. Los hombres hacían fila en las puertas de los supermercados, tratando de mantenerse a 2 metros de distancia.

“Cuanta menos gente haya en la calle”, dijo William Legizamón, un ingeniero que salía de una tienda de comestibles, “mejor”.

Jorge Chacón, un chef que salía de un pequeño mercado, mencionó que notó una disminución en el tráfico callejero y se declaró en favor de una vigilancia aún más estricta.

“Tenemos que ser más drásticos con estas medidas”, dijo, “porque la gente está saliendo”. c.2020 ©The New York Times Company