Ninguno de los titulares de las dependencias que integran el Sistema Anticorrupción puede esperar que los ciudadanos califiquemos ‘bien’ a unos y ‘mal’ a otros ante los decepcionantes resultados ofrecidos

 

“Si falla una (de las instituciones del Sistema Anticorrupción) fallan todas. Y si una tiene éxito es porque las otras la están ayudando a tener éxito, entonces ayúdennos a hacerles ver que van juntos, no es tu culpa ni mi culpa, es tu responsabilidad conjunta”.

La frase forma parte de las declaraciones que ayer realizó en Saltillo José Octavio López Presa, presidente del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción, al cuestionársele respecto de la reciente confrontación pública sostenida a nivel local entre el auditor Superior del Estado y el fiscal Anticorrupción.

Como se recordará, el auditor Armando Plata “reprochó” al fiscal Jesús Flores Mier que “no avancen” los cientos de casos que la institución a su cargo ha denunciado ante la Fiscalía, por presuntos actos de corrupción, obteniendo como respuesta una crítica a la forma en la cual presentó las denuncias.

Sobre el hecho se comentó en su momento que se antojaba como la evolución “natural” de un sistema que no fue concebido para la eficacia, sino para la perpetuación del modelo de corrupción e impunidad que ha caracterizado largamente a nuestro País.

Sin coincidir de forma explícita con esta posición, López Presa resalta con su comentario la necesidad de que las instituciones no intenten justificar la ausencia de resultados lanzándose acusaciones mutuas, pues ello no habrá de mejorar la percepción ciudadana sobre el fenómeno.

En efecto, quien encabeza el Sistema Nacional Anticorrupción da en el clavo cuando advierte algo, que seguramente ninguno de los involucrados en el proceso percibió cuando decidió asumir el reto: a quienes integran el modelo se les juzgará en colectivo y no de manera individual.

La lógica es simple: si el modelo fue concebido para que siete instituciones públicas actuaran de forma coordinada en el combate a la corrupción, lo que es dable esperar de todos, en su conjunto, es justamente coordinación.

Y eso implica algo muy simple: ninguno de los titulares de las dependencias públicas que integran el Sistema puede esperar que los ciudadanos califiquemos “bien” a unos y “mal” a otros ante los decepcionantes resultados que hasta el momento han ofrecido.

¿Por qué? Porque tales resultados son responsabilidad colectiva y no sólo de tal o cual dependencia. De la misma forma, desde luego, habrá de reconocérseles el éxito en caso de que comiencen a ofrecer evidencia que nos permita a los ciudadanos percibir una disminución clara en los índices de corrupción e impunidad.

Desde esta perspectiva, por lo pronto, lo que deben tener claro quienes integran el Comité Coordinador del Sistema Anticorrupción de Coahuila es que la sociedad está absolutamente insatisfecha con los resultados que nos han ofrecido y que a partir de ello les calificamos a todos por igual.

O, para usar las palabras del presidente del SNA, desde la perspectiva ciudadana todos han fallado hasta ahora.