Filas. Puntuales a las 15:00 horas llegan las vecinas con sus viandas en las que reciben los alimentos; son decenas de familias a las que apoya la Congregación Hermanos de Esperanza. JESÚS PEÑA
Diariamente este comedor ofrece alimento a unas 50 familias que antes de la pandemia ya vivían en pobreza alimentaria

El padre Juan Diego Navarro, de la congregación Hermanos de Esperanza, pensaba que para junio, o cuando mucho julio, terminaría la pandemia del COVID-19, y con ella la crisis económica que agobia a las familias de las colonias marginadas de Saltillo, pero no.

Al contrario, el número de personas que llega a pedir alimento a la olla comunitaria de la Casa San Juan, en La Gloria, una colonia que ni siquiera figura en el mapa de Saltillo, ha aumentado.

“Desde que empezó la pandemia hemos estado apoyando, va para tres o cuatro meses de que empezamos, todos los días ayudando a la gente con los alimentos y pos la gente sigue viniendo y mientras podamos seguir ayudando aquí estaremos”, dijo el padre Juan Diego.

Cooperación. Mujeres voluntarias participan en el reparto de la comida. JESÚS PEÑA

Diariamente este comedor ofrece alimento a unas 50 familias que antes de la pandemia ya vivían en pobreza alimentaria y que ahora con la recesión provocada por el coronavirus su miseria se agudizó más.

Cada día, a eso de las 03:00 de la tarde una fila larga de vecinos de La Gloria se forma en torno al centro comunitario sostenido por la Congregación Hermanos de Esperanza y Cáritas de Saltillo, para venir por un plato de comida.

Del mismo modo el comedor reparte alimentos a domicilios a los adultos mayores que por enfermedad no pueden acudir a la olla comunitaria.

“Hay muchos laicos que nos apoyan tanto con especie, económicamente, nos prestan sus vehículos para llevar los alimentos. Se ha podido llevar a cabo todo esto gracias al apoyo de mucha gente, es Dios, la Providencia, que está ahí y no nos deja solos. La gente da, y da con mucha alegría, nos dice ‘padre, ¿qué les falta?, ¿en qué podemos ayudarles?’”.

A domicilio. Personalmente el sacerdote Juan Diego Navarro sale a repartir alimentos a los vecinos.

Las de La Gloria son familias de hasta siete u ocho miembros que, tras haberse quedado sin trabajo, carecen de dinero hasta para comprar qué comer.

“Gente con muchísima necesidad, las señoras nos cuentan que el marido no está trabajando porque lo despidieron de la fábrica o que es albañil y está parada la obra; o que está trabajando, pero redujeron el sueldo, por eso en lo que podamos estamos apoyando para todos. El trabajo no es de los Hermanos. es de los laicos…”, explica.

Por años este territorio, situado en el norponiente de la ciudad, ha sufrido. además de la pobreza, la falta de pavimento y de agua potable en algunos puntos.

“Ahorita ya se puso más difícil y no se le ve fin, cada vez llega más y más y más gente a pedir comida, entonces… dependemos de lo que la gente pueda apoyar con alimento a las personas que les ha pegado más duro esto, porque viven al día. Si pueden ayudarnos donando en especie, dinero… se los agradeceríamos…”, exhortó Milca García, una de las voluntarias de este comedor.