Fue aquella estancia de tal nivel, convivencia y deleite gastronómico, la cual quedó eternizada en un libro

Caramba, soy viejo. Al parecer, todavía no lo suficiente. Me gusta mi vejez. Lo he platicado antes, siempre he querido ser viejo como veía a mi padre, el sastre José Cedillo Rivera. Lo veía siempre venoso, afanado en su tarea milimétrica, perfectamente acicalado y todo en su sitio: pantalones de pretina, caminas con puños y cuello almidonado y claro, sus eternos sacos (blazers, se les dice hoy) en perfecta combinación. Cabello ensortijado y peinado hacia atrás, bigote recortado. Arrugas en el otoño e invierno de su vida, como surcos en labranza. Campo fresco, olía siempre a lavanda y loción para afeitar. Su oficio: sastre. Así era mi padre antes de morir. Un ataque al corazón se lo llevó a la eternidad hace muchos lustros atrás. Así lo recuerdo.

Y decía, soy viejo, aunque no tanto como otros humanos. Es decir, nací en 1965 y justo en ese año cuando era un crío, en Hungría, específicamente a Buda y Pest, a Budapest, llegaban un par de escritores latinoamericanos, tan altos, gordos, garbosos, como buenas plumas lo eran. Les decían “ahí van el par de chompipes” (referencia latinoamericana regional de nombrar un pavo). Eran tan buenos el par de amigos, de “chompipes”, tan buenos en lo suyo, las letras, en la creación, que ambos ganaron el Premio Nobel de Literatura. Uno, chileno él, Pablo Neruda; el otro, guatemalteco, el inconmensurable Miguel Ángel Asturias. Cuando su servidor nacía, este par de poetas llegaban a Hungría a pasar una temporada donde hubo un denominador común: el disfrute de la gastronomía, los banquetes pantagruélicos y gozosos. Fue aquella estancia de tal nivel, convivencia y deleite gastronómico, la cual quedó eternizada en un libro el cual al alimón, escribieron y para fortuna mía, tengo una copia: “Comiendo en Hungría”, textos cruzados entre Neruda y Asturias.

El libro ha costado una pequeña fortuna. Es editado en España y es de esas editoriales no comerciales las cuales editan y publican libros por el placer de la lectura, el escoger los materiales y el imprimirlos con tal pasión, arte y belleza, los cuales terminan siendo una obra de arte en sí mismos. Este es el caso del libro el cual ha publicado “Capitán Swing Libros” con unas fabulosas ilustraciones de Marta Gómez-Pintado. Lo conseguí en una buena librería la cual está bien bastimentada en mi ciudad adoptiva, Guanajuato. Libro para sibaritas, la colaboración y amistad del par de “chompipes” devino en un libro no de cocina, no de gastronomía, no; creación literaria misma donde se dan cita el poema en prosa, el poema en verso, la reseña, la crónica de viaje, la estampa…

Leamos como entremés lo siguiente, a reserva de próxima entrega solazarnos en él. Escribe Pablo Neruda, escritor favorito de don Gerardo Blanco: “Nos trajeron el pescado a la manera del molinero de Dorzsma, viene a la parrilla, cuidadosamente desespinado, provisto y recamado de una salsa en que la paprika, el champiñón, la cebolla y la crema agria son la cúpula monumental del gusto…”

Caray, en 1965 yo, llegando al mundo. En el otro lado de él, Neruda y Asturias se pegaban unas comilonas húngaras de antología. Continuará…