Una actitud humana marca el inicio de cada año: el optimismo; un estatus que decidimos adoptar como signo de que estamos cerrando un ciclo e iniciando uno nuevo, hecho que por sí solo implica un renovación energética interior que nos impulsa a enfrentar los retos de la vida cotidiana con mayor energía.

Por ello también, justo en el momento de darle la espalda al año que termina y encarar el que está naciendo, nos imponemos nuevos desafíos, nos retamos a nosotros mismos para acometer empresas postergadas o que en otro momento hemos considerado tal vez demasiado complejas.

Nada parece fuera de nuestro alcance en año nuevo y por ello fijamos la vista en el futuro que deseamos ver cristalizado ante nuestros ojos en los 365 días por venir. Así comenzamos el tránsito por las páginas en blanco de un libro que cerraremos 12 meses después.

Nunca como ahora requerimos de esta dosis extra de adrenalina que nos recetamos a nosotros mismos en año nuevo. Nunca como ahora necesitamos imponernos retos complejos y decidirnos a vencerlos jornada a jornada durante este naciente 2021.

Esto es así porque estamos iniciando un año que, como el final del anterior, promete durante sus primeros meses solo camino cuesta arriba, comenzando con la peor “cuesta de enero” que podamos recordar.

La salud y las finanzas públicas no se encuentran en su mejor momento y la mala noticia es que aún pueden empeorar. La diferencia entre mejorar el estado actual y que se materialicen los peores pronósticos la hará nuestra disciplina individual y colectiva para ajustarnos a un estricto plan de recuperación a lo largo de todo el año.

Sin duda es posible. Sin duda lo conseguiremos. Ya antes hemos enfrentado como sociedad retos similares y prevalecido. La variable crítica es, hoy como ayer, la misma: el tiempo que nos tomará.

En este sentido es preciso tener claro que no es lo mismo recuperarnos rápidamente que hacerlo en forma lenta. La diferencia se mide en el incremento de nuestros pasivos sociales, es decir, en el número de compatriotas nuestros que no podrán mejorar sus condiciones de vida o eventualmente se quedarán en el camino, víctimas de los rezagos que padecen.

Retroceder como comunidad es un lujo que no podemos darnos. Por eso requerimos como nunca asumir el desafío de la recuperación en el año que apenas arranca. El compromiso personal y colectivo debe ser con la conquista de metas claras que nos coloquen lo más rápido posible en la otra orilla.

Pero no será esta una realidad que se actualice a partir de la casualidad, sino como producto causal de las contribuciones que individualmente cada uno de nosotros realice, sobre todo, en dos campos específicos: contener la cadena de contagios y agregar valor a los productos y servicios en cuyo desarrollo participamos.

Si todos hacemos esto, todos los días de este año, sin duda el 2021 será el año de la recuperación.

El compromiso personal y colectivo debe ser con la conquista de metas claras que nos coloquen lo más rápido posible en la otra orilla.