Una patrulla policial realiza labores de vigilancia en el Centro Histórico de Saltillo, área donde fueron clausurados 16 comercios que se resistían a cerrar sus puertas. (Foto: VANGUARDIA/Alejandro Rodríguez)
Sin aplicar aún sanciones económicas, las autoridades locales comenzaron ayer a clausurar negocios y amonestar individuos por circular en la calle sin cubrebocas o exceder el número de personas permitido por vehículo

Las autoridades locales iniciaron ayer la fase más “estricta” en la aplicación de medidas para forzar el confinamiento de las personas, a unas horas de que, según las proyecciones epidemiológicas de la Secretaría de Salud, se registre el pico de contagios de la pandemia de COVID-19 en México.

De acuerdo con la información que ha sido difundida, esta fase incluye la clausura de comercios y empresas que, pese a no haber sido clasificadas como “esenciales” mantienen sus puertas abiertas y con ello contribuyen a que la movilidad social se conserve en niveles altos.

También se han endurecido las medidas de vigilancia del tránsito de las personas y comenzará la fase de amonestaciones por no usar cubrebocas en la vía pública, así como circular por las calles sin que se esté realizando alguna actividad esencial.

Ayer mismo, según se reveló, 16 comercios fueron clausurados en el Centro Histórico de Saltillo y 162 personas fueron amonestadas, entre ellas 58, por no usar cubrebocas y 30 más por exceder el cupo máximo de pasajeros en vehículos automotores.

¿Vale la pena el sacrificio y el desgaste anímico que implica este confinamiento que ya se prolonga demasiado? Todos queremos responder que sí, porque de otra forma no tendría sentido que lleváramos ya casi un mes y medio de encierro que ha puesto a prueba todas nuestras capacidades"

Como se había informado previamente, aún no se están aplicando sanciones económicas pues, según lo dio a conocer el comisionado de Seguridad Pública de Saltillo, Federico Fernández, ello ocurrirá únicamente en el caso de que las personas reincidan en la conducta.

El endurecimiento de las medidas para contener la velocidad de propagación de la pandemia durará, por los menos, hasta el último día de este mes de mayo, lo cual implica que aún tenemos por delante casi cuatro semanas de confinamiento que será cada vez más forzado.

¿Vale la pena el sacrificio y el desgaste anímico que implica una medida de este tipo? Todos queremos responder que sí, porque de otra forma no tendría sentido que lleváramos ya casi un mes y medio de encierro que ha puesto a prueba todas nuestras capacidades.

Sin embargo, no está claro del todo que el confinamiento, por sí solo, vaya a ser suficiente para “aplanar la curva” y con ello lograr que los contagios -hasta ahora inevitables- se registren en un período más largo de tiempo.

Tampoco está claro cómo vamos a salir del confinamiento y valdría la pena que las reglas post pandemia comiencen a socializarse a fin de que todos vayamos haciendo previsiones y pensando en los ajustes que nos veremos obligados a realizar en nuestras agendas cotidianas.

Es de esperarse que las autoridades sanitarias no hayan puesto todos los huevos en la canasta del clima, es decir, que estén apostando su resto al hecho de que, a falta de tratamiento y vacuna, será la temperatura ambiental la que se hará cargo del virus. Y es que si esa apuesta falla estaremos en muy graves problemas.

Por lo pronto, aún cuando la apuesta del clima se gane, está claro que la normalidad, según la hemos conocido hasta ahora, no regresará pronto a nuestras vidas. Tenemos cuatro semanas por delante para asumirlo y prepararnos para la nueva normalidad.