“El corazón no se puede ‘photoshopear’, porque allí se juega el amor verdadero, allí muestras lo que realmente eres.” Papa Francisco

 La sociedad actual nos invita a buscar la perfección en todos los sentidos, a buscar como ser y “parecer” más guapa o más delgada, más exitosa y menos vulnerable. Compartimos o mostramos lo bonito, divertido, agradable pero no compartimos las heridas, las lágrimas, las crisis. Las redes sociales nos presentan una gama de oportunidades para “parecer” y “maquillar” nuestra realidad. Alimentan la necesidad de ser perfecto y resaltar esa perfección ante otros. Una perfección irreal, que sólo nos empuja a vivir desconectados de nosotros mismos y a vivir para aparentar algo que no se es. En su reciente viaje a Lima, el Papa Francisco se dirigió a los jóvenes con un mensaje que me movió mucho y es por eso que quisiera compartírselos.

El comenzó introduciendo el ejemplo del retoque de las fotografías a través del programa Photoshop: “Sé que es muy lindo ver las fotos arregladas digitalmente, pero eso sólo sirve para las fotos, no podemos hacerle «photoshop» a los demás, a la realidad, ni a nosotros. Los filtros de colores y la alta definición sólo van bien en los videos, pero nunca podemos aplicárselos a los amigos. Hay fotos que son muy lindas, pero están todas trucadas y déjenme decirles que el corazón no se puede «photoshopear», porque ahí es donde se juega el amor verdadero, ahí se juega la felicidad.” Pocas veces nos detenemos a examinar cómo esta nuestra vida interior y qué es lo que realmente reflejamos en nuestra vida diaria. Lo que habita en nuestro corazón es la brújula intuitiva que dicta a la razón sobre cómo actuar, pensar, responder, o manejar un evento o cierta situación con tal persona.

Lo que refleja nuestro Facebook, nuestro Instagram, Snapchat, o incluso nuestra foto de whatsapp, generalmente muestra nuestras caras bonitas, nuestros momentos felices. Pero en algunas ocasiones, muestra nuestra soberbia al denotar burlas, nuestros resentimientos ante figuras públicas, y muestra con palabras las actitudes que habitan adentro, muy adentro que escondemos en el corazón, pero que encuentran salida de alguna forma. ¿Cómo es tu corazón sin Photoshop? ¿Cómo está tu corazón en la vida diaria? ¿Qué reflejan tus actitudes, tus formas de responder a las personas y a las situaciones? Jesús no quiere que nos maquillemos el corazón, Jesús nos quiere tal cual somos. Pero hemos de entender primero que hemos de ir al fondo del corazón y mirar quien somos y amar a esa persona tal cual somos.

Con esos dones e imperfecciones, con esos gozos y esos errores. Si él no se desanima de ti, ¿Porqué has de hacerlo tú? Suelta esa exigencia de ser perfecta, y abraza ese ser imperfecto que eres. Deja de buscar que otros aprueben y te reafirmen la idea que quieres creerte, porque esa idea es sólo una creencia tuya para sentirte valioso, amado, suficiente. Ya eres suficiente amado y valioso para aquel que te amó primero. La contraseña para mirar cómo actúa nuestro corazón es ¿Qué haría Jesús en mi lugar? Dios está, de la mano de nuestra imperfección, en los momentos buenos y en los difíciles. Y si hay ocasiones en que podemos llegar a sentirnos solos en el camino, pero así es como se refiere el Papa sobre los momentos difíciles y pensamientos negativos: “Hay muchas situaciones que se nos vienen encima y pareciera que nos vamos quedando «fuera del mundial»; pareciera que nos van ganando...Todos hemos pasado situaciones así”. Momentos en los cuáles  “Parece que se apaga la fe”.

Pero el Papa añade “No se olviden que Jesús está a su lado. ¡No se den por vencidos, no pierdan la esperanza! No se olviden de los santos que desde el cielo nos acompañan”. Los santos de ayer pero también de hoy: “Busquen la ayuda –sugiere el Papa--, el consejo de personas que ustedes saben que son buenas para aconsejar porque sus rostros muestran alegría y paz. Déjense acompañar por ellas y así andar el camino de la vida”.   Dios conoce mejor que tu esa imperfección que intentas esconder, eso que te cuesta aceptar, eso que no deseas perdonar y te corroe el corazón, esa persona o circunstancia que no has sabido aceptar y que te exige a trabajar en ti, esa situación que debes soltar. Son tus acciones y tu comportamiento con los demás lo que dicta qué habita realmente en tu corazón. Permítete examinar cómo te comportas con tus padres, con tus hermanos, tu pareja, familiares, amigos, hijos, colegas, con cada persona con la que tienes contacto por más pequeño que sea. Ahí está el reflejo de lo que hay en tu corazón.