Este miércoles, la clase política y empresarial del País coincidieron, de esas raras veces, en cómo afrontar un reto, aunque ya se habían tenido visos de éste: cómo encarar la renegociación del Tratado de Libre Comercio ante las presiones que pone (y pondrá) Donald Trump.

Ayer en estas páginas se reseñó el discurso de presión del Mandatario norteamericano, donde asumía su interés de dar por concluido el acuerdo comercial trilateral entre México, Canadá y la  Unión Americana ante el poco margen que, según su visión, existía para encontrar un punto medio que beneficie las necesidades que cada uno de sus integrantes identifica. 

Las duras declaraciones del multimillonario no son nuevas, desde su campaña presidencial han sido constantes, aunque el cambio de ser candidato a mandatario en funciones provocó en su momento una fuerte preocupación sobre todo en los mercados internacionales. 

Afrontar a Trump no debiera caer en la diatriba de un pleito callejero, la IP nacional ha advertido que se debe mantener la calma, mostrando fortaleza y capacidad intelectual para negociar lo mejor para nuestro País. 

Salir a responder con un lenguaje de amenaza no necesariamente conducirá al mejor destino. Es cierto, tampoco se debe caer en el extremo de la inmovilidad por el temor a las consecuencias que podría acarrear la ausencia de un acuerdo comercial de este bagaje, pero una respuesta con cálculo político y racional debe ser lo que nuestra clase política siga.

La próxima semana, las rondas de renegociación seguirán en nuestro País, por lo que desde ya debe estarse pensando cómo encarar cualquier contratiempo discursivo que Trump y su equipo puedan colocar en la palestra.

El TLC es una vía comercial benéfica para el País, y por supuesto que para Coahuila, que debiera mantenerse, pero jamás bajo cualquier costo. 

El caso extremo de ser rescindido, como lo ha planteado Trump, no debiera ser una amenaza que lleve a realizar acciones ilógicas o desesperadas. 

Ayer, Ildefonso Guajardo, secretario de Economía y líder del grupo negociador, ya adelantaba que habría que ir buscando un plan B  para mantener los niveles de exportaciones de la nación. 

Si Trump llegara al extremo de tumbar el acuerdo, la relación comercial con EU no debiera verse tan afectada ante las herramientas que otorga la Organización Mundial del Comercio que establece impuestos fronterizos asequibles en algunos rubros, como ya lo han reseñado expertos en materia de comercio exterior.

La Presidencia de Trump se ha caracterizado por duros discursos, pero acciones con un menor nivel de belicosidad. 

La serenidad y la prudencia debieran reinar en el equipo mexicano que está sentado a la mesa de renegociación. Porque muy posiblemente, el Mandatario norteamericano seguirá presionando como hasta ahora: con palabras.