En la clínica 16 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Torreón, no hay ni un filtro sanitario para la entrada de los derechohabientes en medio de la pandemia por el coronavirus. Ni revisiones, ni tomas de temperatura, ni gel antibacterial.

Increíble pensar que en una institución médica –foco de infecciones por antonomasia– no existan medidas precautorias para la gente ante una emergencia sanitaria como la que vive el mundo.

Pero es muy probable que no se deba a que el personal de la clínica no quiera tener dichos filtros. En la semana, familias bloquearon el bulevar Revolución frente al hospital, porque reclamaron la falta de insumos para realizar operaciones en el área de traumatología. Aseguraron que ellos han tenido que comprar medicamentos básicos como paracetamol para soportar el dolor.

Una fuente del IMSS respaldó lo que sucede: no hay cubre bocas, no hay medicamentos para la anestesia, no hay compresas para cirugía, no hay gasas; vaya, no existe lo elemental para realizar una cirugía.

Hay casos, me dice la fuente, como el de un niño que tiene un mes con el antebrazo roto y no ha podido ser operado. El hueso, por el paso del tiempo, le pegó todo chueco y se le tendrá que romper otra vez (cuando pueda ser operado) para poder acomodárselo y quede bien. Hay casos de operaciones retrasadas en una, dos y hasta tres semanas debido a la falta de insumos. Hay gente de Parras, de San Pedro, de Francisco I. Madero, familias que no viven en Torreón y que tienen que esperar –sabe Dios cómo– en la ciudad hasta que les avisen que ya existen las condiciones y materiales para entrar a cirugía.

Lo poco que existe de insumos se va a especialidades, pues para el IMSS las cirugías del área de traumatología “no son tan urgentes” porque la prioridad es otra.

Vaya, la clínica 16 del IMSS no tiene insumos para realizar operaciones de brazo, rodilla, muñecas, caderas, etcétera. ¿Cómo esperar que puedan enfrentar múltiples contagios y hospitalizaciones a causa del coronavirus?

Un día después del bloqueo, en el hospital general de Zona número 46 del IMSS de Gómez Palacio, personal trabajó “bajo protesta” por la falta de insumos, materiales y recursos para enfrentar la contingencias por el COVID-19, luego que un caso sospechoso de contagio muriera un día anterior (un día después se confirmaría que estaba infectado de coronavirus). El señalamiento era el mismo de las familias en Torreón: no hay jabón, no hay cubre bocas, guantes de látex ni otros materiales.

Cierto. Las deficiencias en el sistema de salud son históricas y no son de este gobierno. Pero la falta de recursos y de insumos, que prevalecen en la actualidad, tienen que ser culpa del gobierno en turno. De la corrupción del gobierno en turno. De la falta de estrategia del gobierno en turno. De la mala distribución del recurso del gobierno en turno. De la pasividad del gobierno en turno.

Y desafortunadamente es una realidad que estos dos casos en La Laguna representan un micromundo del mundo sanitario en México.

AL TIRO

En la semana charlé con dos laguneras viviendo en España, con Violeta y Karla. Las dos coinciden que el sistema de salud de aquel país está rebasado y existe un desabasto de muchos insumos. El personal médico no alcanza a cubrir la demanda de la pandemia. Y los relatos, que fácilmente también se pueden encontrar googleando las noticias de España o de Italia, por ejemplo, deberían resonar como una advertencia del futuro para nuestro País.

Aunque parece –al menos para el presidente Andrés Manuel López Obrador– que vivimos en una burbuja y que los escudos protectores –escapularios, estampas religiosas y tréboles de seis hojas– serán nuestra mejor medicina.

Pero el pronóstico de salud del sistema de salud nacional no es alentador. Si en México no estamos preparados para realizar una cirugía de muñeca por falta de un medicamento o de un cubre bocas, qué se puede esperar de los ventiladores mecánicos para mantener con vida a los pacientes con problemas para respirar a causa del virus.

Es como cuando un doctor da un diagnóstico: éste parece no muy favorable, por lo que siguiendo con la jerga religiosa del Presidente y recordando un viejo refrán de las abuelas, ahora sí que Dios nos agarre confesados.