Me queda claro que la Iglesia, es una institución en donde no se concibe a la democracia como una práctica adecuada. Por el contrario, la iglesia es una oligarquía petrificada, una dictadura dirigida por un pequeño círculo de viejos conservadores y rígidos en términos ideológicos.

 La iglesia nació anacrónica y desde siempre, ha estado oponiéndose al progreso social; comenzando con su absurda teoría de que el mundo y el universo se crearon en seis días y que la tierra era el centro del cosmos, pasando por Adán y Eva y en tiempos más modernos, su virulenta oposición a discutir el celibato, el divorcio, el aborto, el uso de preservativos y el control natal, la fecundación in vitro, el matrimonio igualitario y el reconocimiento a los derechos incluso religiosos de los homosexuales.

 Cualquier cosa que signifique progreso y que les reduzca su capacidad de seguir controlando a través de la fe ciega a sus seguidores, la iglesia estará en contra. Así han hecho en las últimas semanas en México combatiendo causas progresistas y opinando a partir de la ignorancia y de la negación de la verdad científica y la realidad económica.

 Primero fue la Arquidiócesis de México que afirmó que el matrimonio gay es un falso derecho que violenta la realidad y pone en peligro lo más querido para los mexicanos: la familia. En un artículo publicado en el semanario Desde la Fe, titulado “Matrimonio gay, falso derecho”, la Iglesia católica dice que “El matrimonio es claramente entendido como la unión entre un hombre y una mujer”.

 En este mismo sentido el cardenal Norberto Rivera Carrera, dijo que “el cuerpo humano no está diseñado para la relación homosexual, pues el ano del hombre no está diseñado para recibir, solo para expeler. Su membrana es delicada, se desgarra con facilidad y carece de protección contra agentes externos que pudieran infectarlo. El miembro que penetra el ano lo lastima severamente pudiendo causar sangrados e infecciones”.

 Sin duda una falacia que ha sido desmentida por la ciencia pero que además, remite las relaciones entre parejas del mismo sexo a eso: Solo a la relación sexual y no al derecho de que se amen y procuren como hacen algunas parejas heterosexuales.

 Luego siguió el obispo emérito de Saltillo, Francisco Villalobos Padilla quien dijo a un grupo de ejidatarios saltillenses; que las “mujeres y esposas deben dedicarse a hacer bien de comer”. Pero no paró ahí, pues dijo que existe “un respeto exagerado a proteger y no lastimar a los niños y los animales”. “Para mí son puntadas eso de cuidar a los animales. Ahorita está más de moda cuidar a las mascotas que a los hijos”, dijo Villalobos antes de pedirle a las mujeres que “no sean ridículas, chismosas ni mitoteras”. ¿En ese concepto tiene Villalobos Padilla a las mujeres?.

 Y como jamás desea quedarse atrás, el obispo Raúl Vera dijo que las empresas extranjeras en Coahuila no son más que trabajo de esclavitud moderna, señalando que las empresas extranjeras se instalan en países donde la mano de obra es más barata, como en México. Exige que las empresas paguen más (Lo que quisiéramos todos) aunque no entiende que eso solo se da a través de la competitividad, un concepto que seguramente es para él tema del demonio.

 Por lo pronto, en el tema del matrimonio igualitario y su aprobación en todo México, la Iglesia ha ganado la primera de las batallas pues el Senado ha pospuesto de manera indefinida su discusión y aprobación. Se impuso el dogma de esos que dicen que esto va contra las leyes naturales, un acto que según ellos, la propia naturaleza abomina. Su argumento es que la evolución separó a las especies en macho y hembra, argumentaciones que han sido refutadas por los defensores de los derechos civiles y por la ciencia con el mismo resultado: No hay cambio en sus posturas, ellos quieren que los estados regulen el comportamiento de las personas, incluyendo el sexual.

 Por lo pronto, en buena parte del País y del mundo, la comunidad homosexual seguirá estigmatizada y condenada a una condición de inferioridad, relegados a las sombras y, por lo tanto, a la falta de derechos. Bien lo escribió hace más de 400 años don Miguel de Cervantes cuando el Quijote le dice a su compañero de armas: “Con la iglesia hemos topado, Sancho”.
@marcosduranf