Ha sido fruto de intrépida intuición femenina.

Congregar a mujeres para autentizar y enriquecer su feminidad. Traer gente apta y experimentada que pudiera dar luces, señalar pistas y comunicar testimonios para motivar mejorías. Se fueron conjuntando afinidades y se hicieron alianzas para ir repitiendo el evento anualmente. Y pasó un cuarto de siglo en que se fue haciendo la cadena de plata. En esta ocasión cumple sus 25 años de congresos sucesivos. El evento se presenta el 19 y 20 de este septiembre, días en que se celebra patria y “matria”: se evoca a hombres y mujeres de gran actitud y prodigiosa acción de grandes resultados en la historia nacional.

A lo largo de los años la temática de los congresos ha sido siempre candente, actual y motivante. Se anuncia ahora este nuevo encuentro ofreciendo algo central para toda mujer de nuestra época. En el mundo educativo y mediático se habla y se publica mucho, en impresos y congresos, de cómo mejorar sus acciones. Ahora se advierte que todas las acciones dependen de una actitud. Si la actitud es egoísta dará ese matiz a todas las acciones: pensamientos, palabras, actividades. Si es comunitaria y servicial se notará en las ideas, en la conversación, en el cumplimiento de tareas.

La actitud es una configuración, una disposición, una postura interior. Puede ser pésima u óptima. Se construye con recuerdos, pensamientos, automensajes e imaginaciones. Pueden ser luminosos o tenebrosos. Victoriosos o derrotados, valerosos o temerosos. Es una elección entre el pantano o el manantial interiores. Puede ser el propio rostro o una máscara. Puede incluir lo necesario o lo placentero. Elige lo auténtico o prefiere una falsificación. Puede decidir un plan, un protocolo, un proceso o quedar a merced de caprichos sucesivos.

Le decía el aprendiz al paracaidista: “¿Y no da miedo lanzarse al vacío?” “No”, respondía el experto. “Nada temes porque tú mismo doblaste tu paracaídas antes de saltar”. Cada mujer ha de articular su propia actitud. Lo temible no es lanzarse al vacío de vivir un nuevo día. Lo temible es lanzarse sin haber diseñado la propia actitud con el cuidado que se dobla el propio paracaídas para que siempre se abra al descender.

Desde la fe sabemos que toda buena actitud ha de cimentarse en Cristo, verdad, vida y amor. Desde ahí es posible vivir –con victoria– cualquier momento presente. El creyente construye su actitud al amanecer, en el encuentro orante que lo dispone, con la mejor actitud para pensar, para hablar, para decidir y para hacer.

El congreso ofrece reflexiones sucesivas y testimonios valiosos para que cada asistente vaya utilizando recursos, estrenando prácticas, quitando obstáculos, aprovechando energías hasta desembocar en un proyecto de vida y asumir un estado de ánimo óptimo. Las personas exponentes tienen densa formación académica, experiencias de consejería u orientación familiar o de desarrollo humano, práctica pastoral educativa y conocimientos psicológicos.

Muchas mujeres podrán, en ese congreso, potenciar y sublimar su feminidad no sólo queriendo hacer lo que el hombre hace, sino descubriendo su aptitud para lograr –con excelencia– lo que el hombre no puede hacer...