El perfil de Genaro García Luna siempre me ha resultado un tanto enigmático. De un lado están toneladas de señalamientos a su trabajo de las cuales se desprende un juicio lapidario: el exresponsable de la seguridad pública del País fue un elemento corrupto y corruptor de las instituciones públicas.

Del otro se encuentra la opinión de una fuente en quien confío –pero cuya identidad no puedo revelar– y me contó en varias ocasiones, mientras García Luna se desempeñaba como funcionario del gabinete de Felipe Calderón, detalles a partir de los cuales el retrato del personaje resultaba diametralmente opuesto.

Las historias respecto de García Luna ya circulaban cuando esta fuente me compartió la información señalada, y a mis preguntas sobre los cuestionamientos enderezados en su contra la respuesta siempre fue la de caracterizarlos como “fuego amigo”.

Varios años después de aquellas conversaciones tuve la oportunidad de comentar esta dicotomía con un funcionario del área de seguridad pública, quien abiertamente reconoce “haber sido formado” por García Luna y asegura “formar parte de su equipo”. Su respuesta fue coincidente con la versión de mi primera fuente.

La intención de compartir esta anécdota no es salir en defensa del exfuncionario, hoy preso en una cárcel de Estados Unidos, sino la de utilizarla para llamar la atención respecto de un detalle en torno al ya muy comentado arresto de Genaro García Luna.

Porque frente a juicios a tal grado contradictorios sólo caben dos posibilidades: o García Luna era un mago del disfraz y por ello logró engañar a quienes compartieron espacio de trabajo con él, o estamos ante la evidencia de cómo cuando en el imaginario colectivo se construye una idea sobre alguien resulta imposible desmontarla.

La fuente de la cual obtuve la versión “amable” sobre García Luna no es familiar suyo ni figuraba entre sus amistades. Tampoco era una persona improvisada, ni se había formado una opinión a partir de versiones de terceros, sino de información obtenida de primera mano, pues integraba la élite del aparato de seguridad e inteligencia del País en la época.

Siempre me impresionó la seguridad con la cual realizaba las afirmaciones y su reiterada manifestación de preocupación por la integridad y la vida de un funcionario, a quien describía como un individuo temerario al cual “parecía gustarle” correr riesgos.

La serie televisiva “El Chapo” representa el reverso de la moneda de esta historia y retrata, a través del personaje encarnado por el actor Humberto Busto, a un hombre moralmente contrahecho, depositario de todas las perversidades características del viejo régimen.

Conrado Sol –“Don Sol” – está sin duda inspirado en García Luna y se trata de un personaje construido a partir del juicio más ampliamente compartido por la sociedad mexicana, cuya imaginación fue nutrida a lo largo de varios años por las reseñas de los escándalos en los cuales se vio envuelto el exfuncionario.

El más sonado de tales escándalos sin duda es el de Florence Cassez, la ciudadana francesa a la cual liberó un fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación debido a la contaminación introducida en el caso por el afán propagandístico del entonces titular de la AFI.

La sombra en la cual ha vivido largamente envuelto García Luna hoy se ha convertido en certeza para quienes siempre lo ubicaron en el anaquel de los villanos, para los cuales las instituciones sólo sirven para enriquecerse y favorecer sus intereses.

La serie de Univisión y Netflix retrata a un “Don Sol” convertido, esencialmente por convicción, en socio de Joaquín Guzmán Loera. Los fiscales de Estados Unidos aseguran tener pruebas de ello y por eso acusan a García Luna de haber recibido maletines rellenos con millones de dólares.

La serie nos presenta a un individuo operando en un ambiente en el cual el crimen organizado no es “tolerado”, sino utilizado por el gobierno de turno para lograr los objetivos de su agenda política. Los acusadores estadounidenses afirman contar con evidencia justamente de eso.

Intriga, por supuesto, la decisión de García Luna de irse a vivir a Estados Unidos luego de realizar largamente actividades en contra de los intereses de ese país y conocer como pocos la forma en la cual las instituciones estadounidenses desahogan su agenda de intereses en este rubro.

Probablemente, como ya dije antes, sea cierta la afirmación de mi fuente al caracterizar al también exagente del CISEN como un individuo adicto a la adrenalina. Desde esa lógica, pues se trataría de una apuesta permanente para burlar a la justicia de Estados Unidos.

En otras palabras, García Luna nos habría engañado largamente a todos con la verdad, actuando libremente y frente a nuestras narices con apego a su verdadera personalidad: la de un perverso a quien se le permitió colonizar las instituciones públicas y aprovechó la oportunidad sin rubor alguno.

Habremos de seguir con atención el juicio para ver si se corrobora la hipótesis.

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3

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