Lo constitutivo es diferente de lo manifestativo.

Lo constitutivo es esencial, visceral, indispensable, central.

Lo que constituye es lo que sostiene, lo que da consistencia. Lo que manifiesta es algo derivado, es sólo anuncio de algo más valioso, más íntimo, más macizo.

Los países pueden manifestar prosperidad, bienestar o decadencia y deterioro. Pueden también tener una recia estructura interna de limpia y recia normatividad.

Por estos rumbos la constitución aparece bastante desconstituida. Porque tiene cambios, sustituciones, enmiendas, añadidos, recortes, acomodaciones, tachaduras y rectificaciones. En cada sexenio se le trata como un esqueleto al que se le ponen y quitan huesos.

Se ha hablado de reconstituir la constitución. De detectar los valores que asentaron los constituyentes como utópicos, ideales, que configuran lo inalterable y cimentan la dignidad, inteligencia y sabiduría para orientar la mejor conducta ciudadana en muchas generaciones.

Se intentaría precisar vaguedades, dar acabado a lo que parece haber quedado incompleto, dar blindaje a principios que no puedan quedar nublados por futuras reglamentaciones laxas o distorsionadas.

La ley como ordenamiento de la razón, promulgada por autoridad competente y dirigida al bien común no merece quedar ignorada, mal interpretada, defectuosamente aplicada o incumplida sin sanción suficiente.

BRAZOS PINCHADOS

Aumentan los riesgos de captar aerosoles de respiración ajena que portan pasajeros virulentos. Porque se aposentan en narices y gargantas y avanzan hacia células pulmonares. Aprovechan de ellas sus capacidades de reproducción. Así se multiplican en cuantiosa invasión. Coagulación e inflamación producen la asfixia letal.

Para evitarlo surge la operación de brazos pinchados. Vacunas plurinacionales de diverso grado de eficiencia, con sus consecuencias secundarias tolerables o adversas de urgente atención.

Se tiene la extendida impresión de estar contribuyendo todos los pinchados en un amplio experimento que irá dando progresivas seguridades en un despertar de mayor confianza.

Que sean todos vacunados voluntariamente, en orden y sin privilegios, que sea todo gratuito y con prontitud, sin acaparamientos y con solidaridad. Quienes no extiendan su brazo por alguna razón podrán ser portadores que infecten a otros no vacunados.

CUIDAR: VERBO POSTPANDÉMICO

Cuidar no sólo lo propio, lo personal, lo que tiene que ver con el propio bienestar, con la propia suficiencia y comodidad.

Parece que las situaciones de la pandemia en todos los ambientes fueron una constante invitación a cuidar a los demás. A sentirse responsable de lo ajeno.

Cuidar reforzando nuevos hábitos para no desperdiciar agua, para no producir basura plástica, para poner la basura en su lugar, para más lavar y desinfectar, pensando en otros que se puedan dañar.

Y cuidar con justicia social, con salarios justos, con mercancías sanas y medidas completas.

El verbo cuidar puede ahora ser un buen compañero en todas las decisiones por una nueva manera de mirar no sólo con miopía egoísta sino con ánimo de responder sin mentira ni vergüenza, la antigua pregunta del Génesis: “¿dónde está tu hermano?