¿Cómo apaciguar un pueblo que ha sido alimentado por el rencor y la confrontación?
Hace muchos años, un importante gobernante de la Ciudad de México fue invitado al Congreso Nacional de una de las más fuertes expresiones del PRD en ese tiempo. La relación entre este gobernante y el dirigente de esta expresión se había deteriorado por la confrontación de intereses, ya que este líder, quería más y más poder en el Gobierno de la Ciudad 

Durante mucho tiempo, también, en sus diversas reuniones que de manera regular realizaba para la coordinación y organización de su expresión, era común escuchar cómo se refería al gobernante de forma despectiva y con evidente repudio; sus seguidores lo escuchaban y dentro de sí se sembraba un rechazo y malestar inmenso contra el gobernante que, a dicho de su dirigente, era una mala persona.

Llegó el día en que después de todo un proceso se dirimieron asperezas entre el gobernante y el líder de esa corriente y se habló de fortalecer la unidad del partido y evitar así mayores confrontaciones, entonces el gobernante fue invitado al ya mencionado Congreso Nacional donde habrían de congregarse miles de integrantes de esa expresión.

Ese día fue de fiesta para los miles de asistentes que vitoreaban y gritaban al unísono consignas de apoyo a favor del PRD y de su líder nacional; pero tocó el turno de hacer uso de la voz al gobernante, aquel que durante mucho tiempo fue denostado por el dirigente nacional ante sus seguidores.

Y aunque el líder había garantizado en todo momento que no habría mayor complicación y que todo saldría muy bien porque se trataba de un acto de unidad, al hacer uso de la palabra el gobernante, se escuchó la rechifla y el repudio se generalizó entre la audiencia. 

El líder con cara de asombro no daba crédito a lo que escuchaba, interrumpió al gobernante para tomar el micrófono y se dirigió a sus miles de seguidores tratando de explicar que ya todo estaba zanjado entre ellos y en perfecto orden; que se habían alcanzado los acuerdos y que este era un acto de unidad. 

La rechifla y reacción negativa no cesaba, también alcanzaron al dirigente, quien en repetidas ocasiones gritó vivas al gobernante invitado, vivas que no fueron suficientes para acallar a los asistentes

A mi juicio aquel gobernante no es una mala persona, muy por el contrario; sin embargo, dice el viejo refrán: "Tanto va el cántaro al agua, hasta que se rompe", es decir, a veces se genera una percepción negativa sostenida por mentiras que, al paso del tiempo se convierten en una gran verdad.

Hoy es difícil entender y sin duda se habrá de requerir de gran esfuerzo para evitar la confrontación y el odio contra algunos gobernantes de México, no será necesaria una consulta para saber lo que ya ha quedado patente en el clamor popular, todos los gobernantes buenos o malos, son mexicanos que al final de cuentas forman parte de la historia de toda una nación

Es más grave aún, cuando la confrontación es entre nuestra sociedad, entre "fifís" y "chairos", entre los pelones y los zapatistas, entre acaudalados y la clase popular.

Y entonces ¿La diversidad social debe terminar? ¿Todos debemos ser iguales? ¿Todos debemos tener un solo partido? ¿Todos debemos tener una sola ideología? ¿Todos debemos profesar las mismas creencias, aspiraciones y proyectos de vida, estilo de vida? ¿Y con eso se evitaría la confrontación?

Toda nación debe sostenerse en su estructura legal, estructura sólida que nos aproxime con la legalidad a la justicia; sin embargo, cuando se requiere de una estructura para sostener un edificio de diez pisos y esta se construye para tres, tarde o temprano el edificio habrá de colapsarse. 

Porque la mejor forma de vivir en una sociedad, es conservando los equilibrios necesarios para armonizar a la diversidad, con que se compone toda sociedad y garantiza la libertad, garantiza a un gobierno libertario.

Ojalá y las leyes por venir o sus reformas, que a través de las cámaras el nuevo gobierno adecúa para eficientar su trabajo, no estén diseñadas para sostener un edificio de diez y éstas se estén construyendo para uno de tres.