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El escándalo por el robo de señales podría costarle muy caro al puertorriqueño y quedaría fuera del Salón de la Fama

NUEVA YORK.- El puertorriqueño Carlos Beltrán tuvo una gran carrera de 20 años en Grandes Ligas, que arrancó con el premio de Novato del Año de la Liga Americana en 1999 con los Royals, incluyó nueve visitas a Juegos de Estrellas y terminó con el triunfo en la Serie Mundial del 2017 con los Astros.

A lo largo de 20 campañas, dejó una línea ofensiva de .279 de average, promedio de embasamiento de .350 y slugging de .486, con un OPS de .837.

Disparó 2 mil 725 hits, de ellos 565 dobles, 78 triples y 435 jonrones, con mil 587 carreras impulsadas y mil 582 anotadas, 312 bases robadas y mil 84 boletos.

Números sólidos, que sin llegar a ser extraterrestres, bastaban para armar un caso a su favor para una eventual exaltación al Salón de la Fama de Cooperstown.

Pero donde Beltrán se convertía en un ser de otra galaxia era en las postemporadas, a las que asistió en siete ocasiones distintas, hasta totalizar 15 series en las diferentes instancias de playoffs.

Tuvo 215 turnos en los que pegó 66 cohetes, para average de .307, con 16 bambinazos y 42 impulsadas, con un slugging de .609, OBP de .412 y OPS de 1.021.

Sus estadísticas son similares y en algunos aspectos superiores a las de Andre Dawson, Ron Santo, Barry Larkin y Harold Baines, quienes tienen sus placas ya debídamente atornilladas en el Salón de la Fama.

Tal vez no hubiera sido de esos que a la primera entran a Cooperstown en alfombra roja con bombos y platillos, pero no todos los que hoy están en el Templo de los Inmortales lo hicieron el año en que debutaron en las boletas. Eso es lo de menos.

Pero al menos por ahora, esos sueños se desmoronaron.

El escándalo del ‘Señas-Gate’ le cierra en las narices las puertas del Salón de la Fama, para el cual será elegible por primera vez en el 2022.

A fin de cuentas, como dice el refrán, la esperanza es lo último que se pierde.