Coahuila acaba de rebasar la línea de los primeros 100 casos de COVID-19 y las medidas restrictivas, el aislamiento social y la sana distancia, no terminan por convertirse en regla. A ciertas horas, sobretodo de noche, es cierto que las calles lucen afantasmadas, pero en no pocos tramos del día pareciera que nada ocurre: la gente sigue transitando igual, negocios no esenciales aún no bajan la cortina, la higiene no se consolida como hábito y, en medio de la incertidumbre, todavía resuena el escepticismo. 

Durante 2007 y 2012, en los negros años de violencia encarnizada, la percepción de que las autoridades y los medios de comunicación ocultaban cifras, maquillaban y sesgaban datos o abiertamente censuraban la información, tenía un doble rasero: por un lado hacía crecer la ansiedad social de cara a un flagelo que crecía sin que nadie, aparentemente, lo pudiera contrarrestar; y, por otro, esa misma percepción resultaba una especie de falso antídoto contra la zozobra, pues un fenómeno que se registra y trata de explicarse con incertezas y ambigüedades, posiblemente no sea tan grave como parece, aún con su evidente catastrofismo. Esa percepción de que las cifras oficiales son apenas un atisbo tramposo de la realidad, ha latido con fuerza durante todo el manejo de esta nueva crisis.

Y aunque es verdad que la violencia generada por la criminalidad organizada y los efectos sanitarios y económicos de una pandemia son fenómenos distintos, quizá hasta incompatibles en un mismo análisis, hay componentes comunes, de los que vamos a enlistar tan sólo cinco. Uno: la tragedia. Dos: que sin articulación entre gobierno y sociedad no habrá solución completa. Tres: que se necesitan montañas de recursos y hay autoridades que no están dispuestas a asumir el costo político. Cuatro: que en un país como el nuestro, estos temas son un ingrediente más de la nociva polarización. Y cinco: que el precio de la seguridad no puede ser el miedo. 

En el caso de Torreón, al menos en esta segunda fase de la emergencia, a la mayoría de los ciudadanos les preocupa más la afectación económica que el peligro sanitario. Según una reciente encuesta publicada por Aeme Asesores, un 55 por ciento de los ciudadanos le tiene más miedo a ver perjudicado su trabajo y sus ingresos que a enfermarse de coronavirus. Un 39 por ciento sí puso el miedo al contagio por encima de las consecuencias económicas, pero el dato ya es revelador en términos de cuáles están siendo, por ahora, las prioridades de la gente. Ante la pregunta: “¿Qué tanto ha afectado su economía al día de hoy la crisis del COVID-19?”, un 47 por ciento afirmó que “mucho”, contra el 14 por ciento que se dijo “poco” afectado o el 19 por ciento que aseguró que esta situación no le ha perjudicado en absolutamente nada.

Pero si se descarta el aspecto económico y simplemente se le pregunta a la gente qué tanto teme contagiarse o que se contagie alguno de sus familiares, el 39 por ciento aseguró tener “mucho” miedo, el 35 por ciento “algo” de miedo, contra el 20 por ciento que dijo “poco” y un 6 por ciento que aseguró no tener “nada” de miedo frente al coronavirus.

No obstante, el tamaño del miedo no necesariamente es proporcional al nivel de cumplimiento de las medidas de aislamiento social. En una ciudad cuya economía se sostiene básicamente del comercio, apenas un 7 por ciento de los encuestados se queda en casa, un 22 por ciento afirmó que redujo la frecuencia de sus salidas, un 55 por ciento sale sólo a actividades primordiales y un 16 por ciento aseguró que sus hábitos no han cambiado mucho y continúan saliendo con la frecuencia de siempre.

En una pregunta con opción de respuestas múltiples, 8 de cada 10 personas se dijeron preocupadas y frustradas, 25 por ciento respondió que el principal sentimiento que todo esto les provoca es miedo, 16 por ciento se asumió como triste, 7 por ciento se dijo enojado y apenas un 9 por ciento se dijo “muy preparado” para enfrentar la contingencia. Por cierto, un 68 por ciento reprobó rotundamente el manejo de la crisis que ha tenido el presidente López Obrador quien, sobra decirlo, ha estado más que nulificado ante el reto que implica esta emergencia.

Las nuevas medidas anunciadas por el gobierno de Coahuila, como los filtros en las entradas al estado y los dantescos protocolos decretados para el manejo de cadáveres, han aumentado la tensión de la sociedad. Posiblemente esa tensión eleve el grado de cumplimiento a las medidas de higiene y aislamiento, pues la percepción generalizada es que la situación es mucho más grave de lo que se sospecha. No obstante, lo dicho: el precio de la seguridad no puede ser el miedo. 

@manuserrato
Manuel Serrato
Próxima Estación

Manuel Serrato

Columna: Próxima Estación

Manuel Serrato

Periodista radiofónico desde 2006.

Es conductor de noticieros en Grupo Radio Estéreo Mayrán (Torreón, Coahuila).

Licenciado en Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila, diplomado en Lengua Italiana e Historia del Arte por la escuela Leonardo Da Vinci, de Florencia, Italia y en Competencias Académicas por la Universidad Autónoma de La Laguna.

Ha sido articulista en el suplemento Siglo Nuevo, de El Siglo de Torreón.

Es catedrático en la Universidad Autónoma de La Laguna y la Universidad del Valle de México.