Yo no me invento estas cosas… ¡qué ganaría!

Me entero, de hecho, a través de uno de los escasos diarios en español con prestigio y resonancia mundial, El País, que pone en su titular de ayer: “Los animalistas entran al trapo lingüístico: no más frases como ‘agarrar el toro por los cuernos’”.

Así como lo oye, así como lo lee: PETA, la organización que encabeza a nivel mundial la lucha por los derechos de los animales se pronunció en un “tuit” por la eliminación de expresiones que “trivializan la crueldad” hacia otras especies y les confirió la misma gravedad que los dichos homofóbicos y racistas.

De acuerdo con PETA, hay que remover el “especismo” de nuestras conversaciones cotidianas y hasta nos hace sugerencias para reemplazar frases y dichos muy del dominio público que, de acuerdo con su criterio ambientalista, denigran a los animales.

Así por ejemplo, en lugar de decir “matar dos pájaros de un tiro”, PETA nos sugiere decir “alimentar dos pájaros con un mismo pan”, no obstante las harinas, y en especial el pan, han resultado ser potencialmente letales para las aves.

Lo de menos sería hacerles caso a los “petos”, pero es que tendríamos que prescindir de muchísimas de las más coloridas expresiones mexicanas:

 El cerdo por ejemplo, ha demostrado ser tan versátil en el habla popular como lo es en la cocina. Tan sólo por no herir la susceptibilidad de este animal –suponiendo que la tenga–, tendríamos que mordernos la lengua antes de decir: “Ya lo agarró de su puerquito”, que hace referencia a alguien que se volvió objeto de reiterados abusos y que no debe confundirse nunca con “me agarraron como puerco”, que se refiere a una sujeción brutal y abusiva.

Por extensión, “darle chicharrón” a alguien sería sencillamente inapropiado en cualquier contexto, así como decirle a una persona desaseada que “limpie su chiquero”.

“Tragar como puerco”, “tirar perlas –o margaritas– a los cerdos” o “ser puerco pero no trompudo”, serían otras de las locuciones suprimidas en aras de la corrección trans-especie.

El perro –¡oh, el perro!– que no obstante ser nuestro mejor amigo, recibe sólo ingratitud y malos tratos, también reclamaría la preservación de su canina dignidad y nuevamente, el sentido figurado es el que saldría perdiendo.

“Vida de perro” y  “a otro perro con ese hueso” serían vetadas ipso facto por su connotación negativa y ni qué decir de “con dinero baila el perro”, que implica que el can es un ser mercantilista que le pone precio a su pundonor.

Sobre todo, ya no podría llamarle “perra” a la más taimada, mosca muerta y lagartona de sus amigas. Pero no se piense que por salvaguardar la reputación de su cuatita del alma, sino por consideración a las hembras del canis lupus familiaris.

En lo que a mí concierne, echaría mucho de menos a tres perros ejemplares del imaginario colectivo: “El perro del hortelano”, magnífico guardián de los cultivos que no se come la fruta ni permite que otros se la coman; el enigmático “perro de las dos tortas” que al parecer no desayunó y el “perro de la tía cleta… que el día que ladró le rompieron la jeta”.

Acá entre nos…  también extrañaría mucho al perro lanudo de la rolita de los Rockin Devils.

Con el gato mejor ni empecemos, ya que es sinónimo de bajo estatus y pobre categoría, desde que se considera una tomadura de pelo el dar a alguien “gato por liebre”, o cuando decimos que algo “es muy gato” si es de mal gusto, por no mencionar que siempre ocupa un lugar ínfimo en el escalafón, entiéndase “el gato del gato del gato del gato”.

Nos hemos valido de casi todo el reino animal para metaforizar muchísimos rasgos de la condición humana y no siempre los más edificantes o decorosos: Nos hacemos patos si no queremos cumplir con nuestros deberes, si no estudiamos somos unos asnos, la pachorra burocrática es tortuguismo y la perorata es cotorreo; para el mexicano el ladrón es rata, el predador es chacal, la mujerzuela es zorra y el rabo verde es zorro, epítetos que a PETA y todos sus militantes deben tener muy mortificados.

Así que ya vamos repitiendo el numerito del sábado: unción, sesión solemne, toma de protesta y ritual ceremonial autóctono; con dignatarios, prensa, Muñoz Ledo crudo, etcétera.

Toma dos de la transición de Poder, si son tan amables, porque por bien intencionado que sea, un gobierno no puede iniciar, y quedar marcado para siempre, con la frase: “¡Me canso, ganso!”.

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