Cuando Trump o Pence declaren que nos enviarán la factura del muro, contestemos recordándoles su responsabilidad en la estrategia contra el narco y les pediremos que preparen la chequera para indemnizar a las familias de los ejecutados con sus armas

Los del equipo de Trump insisten en que pagaremos el muro. ¿Y si frente a esto les exigimos indemnización por los 141 mil mexicanos ejecutados con armas enviadas por los Estados Unidos?

Durante casi un siglo las relaciones México-Estados Unidos han sido como una mandarina basada en un entendimiento no escrito. Cada tema es un gajo interconectado con los otros pero manejándose con sus propias reglas. El domingo pasado Michael Pence, vicepresidente electo, rompió esa tradición: México pagará el muro porque ellos lo ligarán con la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En el universo Trump no se reconoce la responsabilidad de su país.

Es cierto que les enviamos drogas y asesinos, pero de los Estados Unidos llegaron los embajadores de las mafias a enseñar el modelo de negocios implementado con gran éxito por los cárteles mexicanos, son estadounidenses los adictos que engordan las arcas delincuenciales, tienen pasaporte americano los comerciantes que venden 70 por ciento de las armas utilizadas para matar mexicanos y los funcionarios que solapan el contrabando.

En realidad, evaden su responsabilidad en todo lo relacionado con el crimen organizado. Washington nos impuso una estrategia centrada en el descabezamiento y la fragmentación de los cárteles que ha sido un fracaso pese a las fortunas que le hemos invertido. Según el Atlas de la seguridad y la defensa de México 2016* (en prensa), en la última década las dependencias que pelean en la trinchera han gastado ¡un billón 121 mil 133 millones de pesos! Por medio de la Iniciativa Mérida, Washington sólo ha aportado 36 mil millones entre 2008 y 2016. Es una inequidad que se explica porque ellos evaden sus responsabilidades.

La evasión fue evidente durante la campaña electoral. Trump y Clinton coincidieron en la santidad de la Segunda Enmienda de su Constitución y debatieron apasionadamente sobre la imposición de controles a la venta de armas. Ninguno de ellos mencionó, jamás, el contrabando hacia México y el costo en vidas mexicanas. De haberlo hecho habrían tenido que reconocer que la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) encargada de vigilar la frontera despliega un número ridículo de agentes. Su ineficacia es consecuencia directa del poderío de la Asociación Nacional del Rifle (NRA).

Esta situación es insostenible y una de las razones es por el costo en vidas y por una cotidianidad insoportable por el miedo. Según investigaciones de Animal Político, en la década que lleva la guerra declarada por Felipe Calderón han sido asesinadas 212 mil 656 personas, y los homicidios se han incrementado en ¡49 por ciento de los municipios del País! Es momento de revisar la política y distribuir responsabilidades. 

Lo ejemplifico con un razonamiento: si 70 por ciento de las armas de fuego que tienen los cárteles provienen de los Estados Unidos, ese país es corresponsable de la muerte de 141 mil mexicanos. Sigue entonces que cuando Trump o Pence declaren que nos enviarán la factura del muro, contestemos recordándoles su responsabilidad en la estrategia y pidiéndoles que preparen la chequera para indemnizar a las familias de los ejecutados con sus armas.

Entiendo las dificultades que el enunciado anterior tiene, pero un cambio de estrategia empieza con una modificación en la actitud. El derrotismo, la pasividad y el entreguismo ya no funcionan. La percepción en Estados Unidos sería diferente si Felipe Calderón hubiera mantenido el acuerdo con dos bufetes estadounidenses para demandar a la industria armamentista. Será de Michoacán pero a la hora de la verdad se rajó. Enrique Peña Nieto rara vez menciona este problema.

Ante la parálisis oficial corresponde a la sociedad tomar la iniciativa y defender la dignidad e integridad nacional enarbolando un patriotismo que, sustentado en hechos, aproveche los muchos resquicios que ofrece el sistema estadounidense. En unas semanas presentaré una propuesta que servirá para recordar a los Estados Unidos su papel en la tragedia humanitaria que padecemos. Somos corresponsables, no culpables. 

*Las cifras vienen del Atlas de la seguridad y la defensa de México 2016 (en prensa) editado por Raúl Benítez Manaut y Sergio Aguayo. Los cálculos fueron hechos por Armando Rodríguez Luna, Keyla Vargas y Patricia Quintanar.

Twitter: @sergioaguayo