Escuché, en una serie, a un padre decirle a su hija, “Hay mucho dinero y tiempo invertido en esto, así que solamente relájate.”  Es un ejemplo de tantísimas cosas muy poco atinadas que nuestros papás nos han dicho y que nosotros como papás hemos dicho a nuestros hijos.  Es parte de la larga lista que incluye, “Los niños no lloran,” “Calladita te ves más bonita,” y “De eso no podrás vivir”.  Algunas frases típicas son muy evidentes y otras frases, todas realmente bienintencionadas, llegan disfrazadas, tanto así que quien la dijo, y a veces ni quien la recibió, tiene clara la gravedad de la exigencia y la falta de aceptación que disfrazan.

Somos víctimas de esas ideas, de adultos no tanto de las creencias que nos han impuesto, sino de las que hemos formado en respuesta.  Hemos escrito el guion de nuestras vidas basándonos en una colección amplia de “ideas locas”.  Hay quienes piensan que no pueden descansar si no está todo el trabajo hecho.  Algunas personas creen que no pueden darse el lujo de enfermarse.  He escuchado a alguien decir, “A descansar a la tumba”, y a alguna otra persona decir que no puede salir de casa sin lápiz labial puesto.  

Nuestro comportamiento como fuertes, sensibles, directos, inteligentes, eficientes, trabajadores, femeninos, masculinos, organizados, rebeldes, detallistas, etc., está frecuentemente basado en las creencias que hemos formado y adoptado.  Tal vez no es cierto que saber todo lo invertido me hará relajarme.  Tal vez no es cierto que soy una colección rígida de ideas y creencias.