El Gobierno de México se va quedando rezagado en el proceso de construcción de las decisiones sociales para hacer frente a la pandemia del COVID-19

No es novedad, pero sorprende la recurrencia en la conducta: la población suele ir por delante de las autoridades gubernamentales cuando de tomar decisiones ante una contingencia se trata. Al menos eso ocurre hoy en México y la pandemia de COVID-19 lo está probando.

Y es que mientras el Gobierno de la República –y no pocas administraciones estatales– parecen querer “administrar” los tiempos en relación con la diseminación del virus en nuestro País, múltiples empresas, instituciones educativas y organizaciones han decidido adelantarse por su cuenta.

Suman decenas las instituciones educativas –privadas, desde luego– que han decidido suspender las clases desde hoy, sin esperar al paro oficial que decretó la Secretaría de Educación Pública el fin de semana anterior y que se anunció con el eufemismo de “adelantar las vacaciones”.

El Gobierno de la República, por su parte, parece empecinado en mantener la retórica incomprensible según la cual debido a que este es un gobierno “honesto” y “austero”, el coronavirus “respetará” a los mexicanos.

En el colmo de la obsequiosidad discursiva, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, dijo ayer que el presidente López Obrador “no es una fuerza de contagio”, porque lo de él es la “fuerza moral”.

Hasta ayer, López-Gatell podía ser considerado la voz sensata del gobierno que inspiraba confianza porque hablaba con solidez y desde una perspectiva técnica y no política. Pero esta frase lo redibujó como una suerte de “intelectual orgánico” quien no duda en subordinar la ciencia y la técnica a los deseos del “líder supremo”.

Con ello, el Gobierno de México se va quedando rezagado en el proceso de construcción de las decisiones sociales para hacer frente a la pandemia del COVID-19, lo cual constituye un serio riesgo para la salud pública, pues a final de cuentas, aunque los ciudadanos hagamos nuestra parte, es el aparato estatal el que tiene las herramientas para enfrentar lo importante: los casos de enfermedad que se irán sumando sin tregua.

Múltiples voces de partidarios del gobierno de López Obrador le han realizado llamados públicos al Presidente para rectificar ante lo evidente: esta crisis de salud pública no es una cuestión política ni ideológica que se atienda con discursos, sino una cuestión técnica en la cual es necesario dejarle el control a los profesionales de la salud.

Pero es necesario dejarles el control de verdad, no en la forma caricaturesca que vimos ayer, cuando el más sólido de los funcionarios gubernamentales debió inmolarse en el altar de la mañanera para no contradecir a un Presidente que, tercamente, insiste en que la fuerza moral de su mandato derrotará a la biología.

El País va camino a la parálisis ya no por la psicosis, sino porque las personas están haciendo caso al sentido común y a la más elemental de las recomendaciones médicas: la distancia social nos ayudará a ralentizar la propagación de la enfermedad y eso salvará vidas.

Ojalá el Presidente escuche pronto.