Especial

Por: Jonathan Flores Pérez

Es del conocimiento público que la propagación del COVID-19 ha provocado cierto temor en los consumidores mexicanos que se preparan proveyéndose de víveres y suministros, mientras que otros se abastecen de dinero en efectivo ante la aversión por contagio en el uso de los cajeros automáticos.

Estoy convencido de que estamos en un momento en el que podemos avanzar en el desarrollo de la educación financiera digital pues esta situación nos brinda la oportunidad de reemplazar el uso de efectivo utilizando medios electrónicos de pago.

Analicemos la distancia que nos separa con respecto a los países desarrollados; en Suecia: 95 por ciento de los jóvenes entre 18 y 25 años realizan sus pagos sin sacar una sola moneda; en Turquía 65 por ciento de la población utiliza la banca digital y el 84 por ciento usa dispositivos móviles para realizar compras, en Corea del Sur 80 por ciento de las transacciones se hacen de forma digital y 60 por ciento de los habitantes ya no usa efectivo.

En estos países los teléfonos móviles son los protagonistas de la digitalización de los pagos, a tal grado de que uno de los grandes temas del debate público es precisamente pensar en un desplazamiento o la eliminación completa del dinero en efectivo mientras que en Latinoamérica 80 por ciento de las transacciones económicas diarias aún se realizan en efectivo y esta tendencia se agudiza en el caso mexicano con 85 por ciento.

Mientras el COVID-19 sigue su curso aprovechemos la etapa de confinamiento y comencemos con pequeños cambios en la forma de hacer nuestras transacciones económicas diarias optando por nuevas formas digitales. Actualmente existe una gran cantidad de alternativas, por ejemplo las tarjetas de crédito y débito, los teléfonos inteligentes que poseen tecnología para pagar o las aplicaciones de procesamiento de pagos.

La futura configuración del mercado de pagos dependerá en gran medida de las acciones que hoy emprendamos como agentes económicos. Si optamos por los pagos digitales podríamos experimentar un aumento en la educación financiera después del COVID-19 y así disminuir la brecha con los países desarrollados. Además, ante la próxima recesión económica los consumidores se beneficiarían de un sistema de pago más evolucionado y personalizado, y el dinero en efectivo no tendrá el mismo peso que solía tener.

Jonathan Flores Pérez, Profesor de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila.
Twitter: @FloperJonathan

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