Resulta deseable por ello que el asueto obligatorio de hoy sea utilizado por el Gobierno para rectificar la posición que ha adoptado y se deje de una buena vez de frases efectistas que pretenden caracterizar a la pandemia como parte de su confrontación

 

Mientras el mundo entero se apresura a tomar medidas drásticas para frenar la propagación del COVID-19, en México mantenemos una postura ambigua en torno al problema.

El fin de semana anterior vimos dos rostros a cual más contradictorios por parte del Gobierno de la República: por un lado, las secretarías de Educación Pública y Salud anunciaron un plan para reducir la proximidad social que incluye suspender clases a partir del próximo viernes; por el otro, el presidente Andrés Manuel López Obrador mantuvo su agenda de eventos masivos sin alteración.

Durante el sábado y el domingo, el titular del Ejecutivo Federal encabezó cuatro actos masivos en el estado de Guerrero, durante los cuales no solamente él, sino los miles de asistentes a estos, pudieron estar expuestos al contagio por el COVID-19.

En sus alocuciones, ni una sola vez pronunció la palabra “coronavirus”, de acuerdo con las versiones estenográficas que la oficina de la Presidencia de la República ha distribuido. Por el contrario, ayer pareció lanzar un velado “desafío” a la pandemia:

Aprovechando su enésima mención a la corrupción de los gobiernos anteriores, López Obrador afirmó que “se va a acabar la corrupción, se va a acabar la impunidad. Me canso ganso”, para enseguida dar un salto lógico a la afirmación de que “por eso tengo mucha fe de que vamos a sacar a nuestro querido México, no nos van a hacer nada los infortunios, las pandemias, nada de eso”.

Resulta irresponsable, por decir lo menos, colocarse de espaldas a la lógica que está siguiendo todo el mundo a partir de la certeza que hoy se tiene y deriva de la experiencia de los últimos dos meses y medio: la única medida eficaz que existe contra el COVID-19 en estos momentos es la restricción de la proximidad social.

No se trata de tener fe o de creer en la palabra de un político; no se trata de confiar en la intercesión divina: se trata de hechos concretos y de los datos duros con los cuales se cuenta. Y esos datos lo que nos dicen es que la velocidad de propagación de este nuevo virus es muy alta.

Tampoco se trata de diseminar el miedo y provocar psicosis de forma irresponsable. Pero sí se trata de asumir que estamos ante un problema real y que hay un número importante de personas en riesgo de morir debido a ello. Más de 6 mil 500 víctimas lo constataban hasta ayer.

Resulta deseable por ello que el asueto obligatorio de hoy sea utilizado por el Gobierno de la República para rectificar la posición que ha adoptado y se deje de una buena vez de frases efectistas que pretenden caracterizar a la pandemia que ya nos llegó como parte de su confrontación con “el conservadurismo” y “la derecha”.

El tema no es menor, por lo que el Gobierno federal debe enmendar urgentemente.