Cuando los responsables de ofrecer información a los ciudadanos guardan silencio, el vacío que su abstención genera se llena con toda clase de rumores. Peor aún: ante la ausencia de información precisa, los rumores y las especulaciones van ganando veracidad en el imaginario colectivo.

La afirmación anterior, por desagradables e indeseables que resulten sus consecuencias, constituye una regla que se cumple de forma puntual en cada ocasión en la cual se opta por el silencio en lugar de privilegiar la transparencia y la apertura informativa.

Eso es justamente lo que está ocurriendo en Saltillo a propósito del creciente número de señalamientos realizados por consumidores domésticos de gas natural, en el sentido de que sus recibos de consumo han registrado incrementos desorbitados en los últimos meses.

En nuestra edición de ayer informamos sobre la existencia de un importante número de quejas hechas saber a VANGUARDIA por usuarios inconformes. Durante el día los reclamos soterrados se convirtieron en una manifestación afuera del Palacio del Congreso y en una “lluvia” de quejas en contra de la empresa Gas Natural ante la Profeco.

El cuadro fue completado por el hecho de que, sin explicación de por medio, la empresa proveedora del servicio mantuvo cerradas prácticamente todas sus oficinas en la ciudad. Este último hecho provocó la circulación de rumores en el sentido de que Gas Natural habría realizado un despido masivo de personal sin que mediaran razones para tal comportamiento.

¿Es real la información sobre el despido masivo de los empleados de la empresa? No lo sabemos, pero en línea con la regla citada al principio de este texto, la especie cobra verosimilitud debido al cierre de oficinas y la ausencia de datos oficiales sobre lo que ocurre.

Se trata de una situación que, aun cuando la involucrada sea una empresa privada, demanda la intervención inmediata de las autoridades municipales y estatales a fin de ofrecerle al público una explicación que impida el desbordamiento de la inconformidad.

Y es que a estas alturas ya no se trata solamente de las quejas por el incremento excesivo en la factura, sino también de la imposibilidad de que los usuarios puedan contactar con un representante de la empresa para intentar las aclaraciones pertinentes.

Por otro lado, sigue flotando en el ambiente la hipótesis referida ayer en este mismo espacio, relativa a la posibilidad de que se avecine una crisis en el suministro de gas natural en México, derivado del presunto desplome en su producción.

Quienes consumen gas natural, sea para fines industriales o domésticos, toman decisiones relevantes a partir de su disponibilidad y precio. Carecer de información precisa no solamente afecta estas decisiones, sino que coloca a los consumidores en un indeseable estado de incertidumbre.

Por ello, resulta urgente que el vacío informativo se colme, en el plazo más breve posible, con información fidedigna y clara que evite el escalamiento en la inconformidad que ya vimos ayer.