¿Por qué el Santos camina cual zombie al descenso? Es la pregunta que hierve cerebros y enfría corazones en la Comarca Lagunera. 

¿Es responsable el jugador? ¿El entrenador? ¿El aficionado? ¿El equipo directivo? ¿Alejandro Irarragorri?

Ninguno de manera particular. Es el modelo Santos-Orlegui lo que está en crisis. El mismo incluye las áreas de inteligencia deportiva, metodología científica, contratación de jugadores y entrenadores y la relación de directivos con el equipo, el aficionado y la Comarca Lagunera.

El modelo que combina negocio y deporte, con bajo presupuesto, está en graves aprietos.

¿Quién asegura que Ayestarán, Zubeldía o el mismo De la Torre refrendaron con eficacia y eficiencia las áreas de inteligencia deportiva y metodología científica instituidas por Caixhina?

¿De qué les ha servido la información “inteligente y metódica” de esa área para analizar al rival, medir el rendimiento de los jugadores y elegir los probables refuerzos?

Sin inteligencia ni método, los pocos pesos no seleccionarán al mejor entrenador o jugador. La filosofía Orlegui de comprar barato para vender caro, topó con pared, más allá de la inversión de 50 millones de dólares para construir un centro comercial, educativo y hotelero en el TSM.

El retiro de Alberto Canedo, exvicepresidente deportivo, dificultó la interlocución de Orlegui con los jugadores. Porque no existe una persona con su experiencia y capacidad para suavizar la difícil relación entre directivos (que como Irarragorri, en su mayoría, vive en la CDMX) y los jugadores.

El modelo Orlegui reemplazó al santista de extracción popular, por uno de clase media-alta con mayor capacidad de consumo. Sí. El que subordina su lealtad a los resultados. Hoy, esos neoaficionados vuelven su espalda a Orlegui. Mientras Irarragorri inventa marchas para sumarlos a su causa.

El modelo Santos-Orlegui pasa por una crisis financiera-futbolística que duele a Irarragorri en el bolsillo, y a nosotros, en las raíces que hermanan desde su identidad a nuestra Comarca con el equipo.