El Fondo Monetario Internacional ha advertido de la posibilidad de una nueva crisis financiera global, similar a la ocurrida en 2008, en el futuro inmediato. La afirmación se basa en el análisis de diferentes variables macro económicas cuyo comportamiento es hoy similar al que registraron en la etapa previa al colapso de hace una década.

El señalamiento fue realizado por Tobias Adrian, director del Departamento Monetario del Fondo Monetario Internacional, durante la presentación del informe “Estabilidad Financiera Global”, en el marco de la conferencia anual del FMI que se realiza en la isla de Bali, Indonesia.

Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China; el riesgo de una salida “desordenada” del Reino Unido al abandonar la Comunidad Europea; el incremento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal estadounidense y el elevado endeudamiento global son algunos de los indicadores referidos por el funcionario del Fondo para respaldar sus afirmaciones sobre una crisis en ciernes.

“En algunas economías avanzadas, algunos inversores se han vuelto demasiado confiados y puede que incluso posiblemente complacientes”, dijo Adrian, quien añadió que tal circunstancia puede provocar “un abrupto ajuste en las condiciones financieras”.

La afirmación más preocupante para países como México es la relacionada con el riesgo percibido por el FMI de que se registre una fuerte salida de capitales de los mercados emergentes, debido al crecimiento de la “incertidumbre política”.

El sombrío panorama dibujado por el Fondo no podría llegar en peor momento para México, pues nos encontramos en medio de un periodo de incertidumbre provocado por la transición presidencial, que no se concretará sino hasta dentro de 51 días pero que ya provoca tensiones debido a los múltiples anuncios de cambios drásticos en la conducción de la economía.

Ciertamente el modelo económico nacional debe ser objeto de análisis, debate y ajustes. Y para justificar la afirmación no hace falta sino referir un dato: la fórmula seguida hasta ahora sólo ha profundizado la desigualdad social y mantenido a más de la mitad de la población en el territorio de la pobreza.

Sin embargo, es preciso tener en cuenta que la economía de hoy es una de carácter globalizado y que, en ese terreno, las últimas cuatro administraciones federales han tenido al menos una virtud: han tomado las decisiones necesarias para erradicar las crisis económicas recurrentes.

Claramente eso es insuficiente en materia de justicia social y por ello es obligado ajustar el modelo a fin de garantizar una distribución más justa de la riqueza. Pero eso debe hacerse, necesariamente, sin poner en riesgo la estabilidad de la cual hemos gozado hasta ahora.

El diagnóstico del FMI debe encender focos de alerta en el equipo que tomará las riendas de la economía el 1 de diciembre. Y debe provocar el diseño de estrategias que impidan, en caso de que el diagnóstico se cumpla, que las consecuencias de un eventual colapso económico global nos golpeen de forma catastrófica.