¿Por qué no merecemos los habitantes de las dos poblaciones más importantes del Estado ni siquiera una fecha tentativa para inmunizarnos?

“No tenemos fecha para Saltillo y Torreón, dependemos de la llegada del biológico y de la instrucción del nivel Federal. Son los municipios más grandes y tendría que ser un cargamento más grande para cuando ya se tenga previsto y vacunar a toda la población, porque si no, tendría que ser a medias”.

La frase anterior es la respuesta que hoy tiene la responsable del área de Promoción y Prevención de la Salud, de la Secretaría de Salud Estatal, Martha Alicia Romero Reyna para quienes, en las poblaciones más importantes de Coahuila, esperan su turno para ser vacunadas contra el COVID-19.

No es, conviene aclarar, responsabilidad de la funcionaria citada decidir cuántas vacunas se ponen a disposición de la población: eso es responsabilidad de las autoridades federales, que tienen el control total del proceso y que son las únicas que deciden a dónde se envían las vacunas.

Pero frente a esta respuesta la pregunta resulta obligada: ¿por qué quienes habitan en las principales concentraciones urbanas de la entidad no pueden saber siquiera cuándo podrán ser vacunados?

A falta de una respuesta concreta de parte del Gobierno de la República solamente queda especular. El problema es que esta ruta deja la puerta abierta para pensar cualquier cosa y eso implica considerar el cálculo político de quienes tienen a su cargo la “estrategia” de vacunación.

Y las comillas en la palabra estrategia resultan obligadas porque, como han explicado diversos especialistas, para considerar que tal cosa existe es necesario cumplir dos condiciones: señalar el objetivo que se persigue y definir con precisión la forma en la cual dicho objetivo pretende alcanzarse.

Ninguna de las dos condiciones se cumple en el caso de México. Un dato mínimo para creer que en efecto existe una estrategia sería que pudiéramos conocer al menos una fecha tentativa en la cual cada persona tendrá acceso a la vacuna.

Lo anterior es tanto más cierto en la medida en la cual el Gobierno Federal ha dicho en repetidas ocasiones que nuestro país ha adquirido decenas de millones de dosis que deberían ser suficientes al menos para cumplir los dos primeros propósitos que se han impuesto: vacunar al personal de salud y a las personas adultas mayores.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en otros países, el proceso en México avanza a un ritmo desesperante. Tan desesperante que todo el que puede viaja a Estados Unidos para inmunizarse porque en el vecino país, a diferencia del nuestro, sí es posible acceder a la vacuna aunque seas extranjero.

¿Por qué para los habitantes de Saltillo y Torreón no se ha destinado aún una sola dosis de las vacunas adquiridas por el Gobierno de México? ¿Por qué no merecemos los habitantes de las dos poblaciones más importantes del Estado ni siquiera una fecha tentativa?
Cualquiera que sea la respuesta es absolutamente ilógica. A menos, desde luego, que la motivación sea una que no tenga ninguna relación con el propósito de cualquier campaña de vacunación: proteger al mayor número de personas en el menor tiempo posible.