Esta semana se reunieron en Washington Donald John Trump y Andrés Manuel López Obrador, presidentes de Estados Unidos y México respectivamente. De ello dieron cuenta los medios de comunicación de aquí, de allá y de acullá. ¿Qué se resaltó? Que con la visita quedó sellada la alianza económica, que se privilegió la entrada en vigor del Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), se festinó la coordinación binacional ante el COVID-19 y la reactivación económica ante la debacle mundial. Los discursos de ambos mandatarios, un primor diría mi tía Tinita, tersos, muy cuidados, nada de altisonancias, puros “te quiero”, “somos amigos entrañables”, respeto de allá para acá y de acá para allá. López Obrador hasta inclinaba su cabeza cuando se dirigía al jefazo de los gringos, aquí no le conocemos ese gesto, el lenguaje corporal dice más que mil palabras. Algo destacable es que su verborrea no apareció y eso se agradece sobremanera, se limitó a leer el guión que le entregaron, algo inusitado, jamás lo ha hecho en sus intervenciones –en tierra mexica– al estilo Nerón, claro el emperador romano tocaba el arpa y a producto de gallina –perdón por la expresión tan procaz– lo tenían que escuchar. Incluso cuentan las crónicas que mientras “deleitaba” con su arte, nadie se podía ir, so pena de muerte, y que hubo mujeres que tuvieron que parir en el inter. Aquí todavía no se llega a tanto, pero si es una muerte al ánimo oír su arenga cansina, monótona, cargada de lo mismo de siempre: promoción al divisionismo entre hermanos y burla, inquina y desprecio a quienes no coinciden con él… ah… y sus baños de pureza, porque él sí es intachable, austero, honesto y más bueno que las semitas amasadas con pulque y rellenitas de piloncillo y nuez que se hacen en mi Saltillo del alma.

Si el “Peje” sabe lo suyo, cuando quiere ser “lambis”… perdón, amable, lo es. Nada de hablar de problemas vinculados a la violencia, ni de chiste aludió al muro fronterizo que vamos a pagar los mexicanos, chitón en lo relativo al consumo de drogas y a la vendimia, más bien, tráfico de armas. Bueno, fue hasta historiador, rememorando que algunos de los mandatarios que precedieron a Trump no se han entrometido en la vida interna de nuestro país, ni en sus decisiones políticas y energéticas. Ni quien se acuerde del presidente William Howard Taft y de su embajador Henry Lane Wilson… ¿Verdad? Con la venia del primero y la operación del segundo se planeó el asesinato de don Francisco Madero… pero al cabo que eso es pasado y pa’ qué rencores. Toda la vida los mandatarios norteamericanos se han ocupado de proteger los intereses de sus inversionistas, al precio que sea, valiéndoles una pura y dos con sal las atrocidades cometidas por los politicastros aliados del país que sea, y México no ha sido la excepción. “Business son business”… ¿A poco no?

Pero volvamos al Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, qué lindo el marco para lo que musitó López Obrador a su homólogo: “Por eso estoy aquí, para expresar al pueblo de Estados Unidos que su Presidente se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto. Nos ha tratado como lo que somos: un País y un pueblo digno, libre, democrático y soberano”. Y el remate, que “nunca ha tratado a México como una colonia y el tono de sus expresiones para los mexicanos”. Agradeció también el “buen trato” que ha dado a los connacionales. ¿Cómo el que se les brinda a los indocumentados en el cruce fronterizo, o la separación inhumana de niños y padres, pasándose por debajo de las extremidades inferiores tratados internacionales signados para la protección de los derechos humanos? Y Trump no se quedó atrás, se desvivió en cumplidos y agradecimientos a su “amigou”, hasta “reconoció” la contribución de los migrantes mexicanos a la grandeza de su país, los mismos a los que hace unos meses no bajaba de asesinos y violadores. Grabados están cada uno de sus insultos, se le llena la boca de vociferar que cuando los mexicanos llegan a su país traen el crimen, las drogas y las violaciones. En mayo de 2018 calificó de animales a los inmigrantes. ¿Y qué tal se ha portado con los dreamers? ¿Ya se le olvidó la persecución que ha hecho con este grupo de jóvenes mexicanos talentosos? Si hasta parece la que emprendió el emperador Diocleciano en el año 303 sobre los cristianos, en Roma. A que Trump… como ha “cambiado” su discurso: “Estados Unidos alberga a 36 millones de mexicoamericanos que fortalecen nuestras comunidades y colorean todos los trazos de la vida de nuestra nación; además, son grandes hombres y mujeres comerciantes, conforman un gran porcentaje de propiedad de negocios”. Y esta no tiene parangón: “Son sumamente exitosos, son como usted: grandes negociantes, grandes personas y seres honorables”. El rey del racismo, el que ganó una elección exacerbado precisamente esa vena de no pocos norteamericanos que se identifican con él. Pero todo se olvida en el ánimo de hacer negocios y quién sabe qué más, ¿verdad, presidente López? Sus odios hacían el capitalismo, el neoliberalismo y los ricos pasan a quinto término. O en el de captar los 16 millones de votantes de origen mexicano en condiciones de sufragar, ¿verdad, presidente Trump? Cierro con esta frase de George Orwell, tan absolutamente certera para el tema en comento: “La gran enemiga de la claridad en el lenguaje es la insinceridad... El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras parezcan verdades y que el asesinato parezca respetable”.

Posdata: ¿Por qué no invitaría AMLO en su comitiva de empresarios a Daniel Javier Servitje Montull, presidente y CEO de Grupo Bimbo, la empresa que más ha crecido en EUA y con 155 sucursales alrededor del mundo?

Esther Quintana Salinas

Columna: Dómina

Nacida en Acapulco, Guerrero, Licenciada en Derecho por la UNAM. Representante ante el Consejo Local del Instituto Federal Electoral en Coahuila para los procesos electorales.