ESMIRNA BARRERA
La pandemia exige generosidad y compasión para ejercer una solidaridad efectiva hacia aquellos seres humanos que hoy sufren y padecen

Hace casi 23 años, el miércoles 5 de septiembre de 1997, murió en Calcuta (India) la religiosa albanesa Agnes Gonxha Bojaxhiu, conocida por todos como Madre Teresa de Calcuta, mujer que recibió el premio Nobel de la Paz en 1979 y fuera canonizada por el Papa Francisco en 2016.

La Madre Teresa fundó en 1950, la congregación de las Misioneras de la Caridad que atiende en 123 países a personas pobres, enfermas y marginadas, así como a niños abandonados y desamparados.

Fue a partir de 1965, cuando la congregación se extendió por el mundo entero, hoy está presente en más de 123 países y, efectivamente, la vigencia del trabajo y legado de su fundadora continua vigente dado que aún perdura entre nosotros una máxima devastadora: “sigue estando de moda hablar de los pobres, pero desgraciadamente nadie, o pocos, quieren hablar con ellos”, y menos solidarizarse con ellos.

“LO QUE POSEO”

Una historia de Etiopía cuenta de un anciano que, en su lecho de muerte, llamo a sus tres hijos y les dijo: no puedo dividir en tres lo que poseo. Eso dejaría muy pocos bienes a cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente, más astuto, más sagaz. Dicho de otra forma, a mi mejor hijo. He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Tomadla. El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedara con todo. Ellos partieron en busca de esa encomienda.

El primer hijo compró paja, pero solo consiguió llenar la casa hasta la mitad. El segundo hijo compró sacos de pluma, pero no consiguió llenar la casa mucho más que el anterior. El tercer hijo -que consiguió la herencia- solo compro un pequeño objeto. Era una vela. Espero hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz”.

Es cierto, hay personas que iluminan una casa y las hay también aquellas que son antorcha luminosa para el mundo entero, aún después de su partida.

DE TODOS MODOS

En una pared de la casa de Shishu Vahaban, fundada por la Madre Teresa para atender a niños en Calcuta, existe un letrero que expresa:

“Las personas son irrazonables, ilógicas y centradas en sí mismas… Ámalas de todas maneras. Si haces el bien, te acusarán de tener motivos egoístas… Haz el bien de todas maneras. Si tienes éxito ganarás falsos y verdaderos enemigos…Ten éxito de todas maneras. La honestidad y la franqueza te hacen vulnerable… Se honesto de todas maneras. Lo que te tomó años en construir puede ser destruido en una noche…Construye de todas maneras. La gente de verdad necesita ayuda, pero te podrían atacar si lo haces… Ayúdales de todas maneras. Dale al mundo lo mejor que tienes y te patearán en los dientes…Dale al mundo lo mejor que tienes de todas maneras. Porque al final del camino te darás cuenta que nada fue entre tú y ellos, sino todo fue entre tú y Dios”

Es cierto, hay personas que iluminan una casa y las hay también aquellas que son antorcha luminosa para el mundo entero, aún después de su partida".

REFERENCIA

Estas dos reflexiones hacen referencia a Teresa de Calcula, mujer de pequeña estatura, pero dura como un diamante en su fe; solidaria y generosa en sus acciones hacia los más pobres, hacia los “intocables” que en cada país conforman una multitud hambrienta y enferma, hacia los más desprotegidos del mundo, siendo su legado, hasta nuestros días, fuente de esperanza e inspiración para infinidad de personas que, desde sus propias trincheras y comunidades, luchan sin tregua contra la pobreza y la desigualdad, especialmente hoy que esta realidad despiadadamente se ha extendido por todo el mundo por causa de la pandemia.

LLAMADO Y LEGADO

El 10 de septiembre de 1997, se cumplían 51 años de aquel viaje en tren en el cual la hoy Santa “sintió” y “padeció” a los más pobres de la India y escuchó la voz del Señor diciéndole dos sencillas palabras “tengo sed”, surgiendo así su “inspiración”, su “llamada dentro de la llamada”.

Esta revelación hizo que Teresa, decididamente, viviera en una “santa indiferencia” hacia su persona y se volcara mediante su trabajo hacia los “otros”, particularmente procurando el cuidado de los olvidados del mundo.

En homenaje a su incuestionable obra y conmemorando su recuerdo, los dejo con las siguientes palabras de la misma Teresa que custodian profundos mensajes de solidaridad y generosidad:

“Debemos aprender a dar. Pero no debemos dar como una obligación sino como algo apetecible. De ordinario digo a mis colaboradores: no tengo necesidad de vuestras sobras. No quiero que me deis de lo que no necesitáis. Nuestros pobres no tienen necesidad de vuestra compasión. Lo que necesitan es vuestro amor y vuestra voluntad”.

“Jamás he visto cerrárseme puerta alguna. Creo que eso ocurre porque ven que no voy a pedir, sino a dar”.

“Cuando menos tenemos, más damos. Parece absurdo, pero ésta es la lógica del amor”.

“Alguien me dijo en cierta ocasión que ni por dos millones de dólares se atrevería a tocar a un leproso. Yo le contesté: tampoco yo lo haría. Si fuese por dinero, ni siquiera lo haría por dos millones de dólares. Sin embrago, lo hago de buena gana, gratuitamente, por amor a Dios”.

“Un joven estaba muriéndose; pese a ello, durante tres días luchó para prolongar su vida. La hermana le preguntó: “¿Por qué prolongas esta lucha?”.

-No puedo morir sin pedir antes perdón a mi padre -contestó-. Cuando su padre acudió, se fundieron ambos en un abrazo y el joven le pido que lo perdonase. A las dos horas, el joven expiró lleno de paz.

“Hoy todo el mundo da la impresión de andar acelerado. Nadie parece tener tiempo para los demás: los hijos para sus padres, los padres para sus hijos, los esposos el uno para el otro. La paz mundial empieza a quebrarse en el interior de los hogares”.

“No es necesario desplazarse hasta los suburbios para tropezar con la carencia de amor y encontrar pobreza. En toda familia y vecindario hay alguien que sufre”.

“Los jóvenes de hoy, como los de cualquier tiempo, son generosos y buenos. Pero no debemos engañarlos estimulándoles a consumir diversiones. La única manera de que sean felices es ofrecerles la ocasión de hacer el bien”.

“En una ocasión me hice cargo de una niña que andaba errante por las calles. Llevaba el hambre dibujada en su rostro. ¡Qué sé yo el tiempo que habría pasado desde la última vez que había comido algo! Le di un trozo de pan. La pequeña se puso a comerlo migaja a migaja. Le dije: come, come el pan. ¿Es que no tienes apetito? Me miró y dijo: Es que tengo miedo de que cuando se termine aún me quede hambre.”

“La paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias. Si queremos sembrar alegría en derredor nuestro, precisemos que toda familia viva feliz”.

“Es fácil amar a los que viven lejos. No siempre lo es amar a quienes viven a nuestro lado”.

“Fidelidad, puntualidad, pequeñas palabras llenas de bondad, algún pequeño pensamiento para los demás, ciertos pequeños gestos hechos de silencio, de miradas, de pensamientos, de palabras, de obras. Justo estas cosas son las “gotas del amor” que hacen que nuestra vida transcurra con tanto resplandor”.

LA LÓGICA…

Este breve fragmento de su testamento espiritual es resplandor esperanzador de una misteriosa vela que permanece iluminando a un mundo violento, indiferente, hambriento, menesteroso de amor; a un mundo que continúa proclamando: “tengo sed”.

Estas luminiscencias intentan, sobretodo, alumbrar y despertar nuestros personales corazones, deseando que sepamos que todo es y será entre nosotros y Dios, que hoy ante la pandemia nos exige generosidad y compasión para ejercer una solidaridad efectiva hacia las personas marginadas, hacia aquellos seres humanos que hoy sufren y padecen, en carne propia, la desgracia de formar parte de los “descartados”; esta luz nos recuerda la paradoja del amor actuante: “cuando menos poseemos, más podemos dar”. Increíble, pero cierto.