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El amor es uno de los sentimientos más profundos y bellos que puede sentir el ser humano y trasciende todo tipo de relación: de pareja, familiar y fraternal. Pero cuando se carece del mismo es una de las situaciones más dolorosas que se debe atravesar en la vida.

Las relaciones humanas están signadas por el amor, la ternura y la comprensión, pero también por el desprecio, la intolerancia y el odio. Justamente, Sigmund Freud en 1920 distinguía entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte en su obra titulada “Más allá del principio de placer”. De este modo, las pulsiones de vida tienden a reunir y construir, en tanto, las pulsiones de muerte a destruir y separar.

Sin embargo, el padre del psicoanálisis aclaraba que una no puede prescindir de la otra, pues tienen una relación dialéctica.  Por lo tanto, cuando una persona se enamora descarga todo su amor hacia el otro, sin embargo, también está imbricada la pulsión de muerte, de ahí el dicho popular que asegura que “del amor al odio hay un solo paso”.

¿Por qué el amor duele tanto?

El amor duele porque nuestra pulsión se desprende de nuestro Yo y se dirige directamente a nuestro objeto de amor, a un otro, que está fuera sí. Mientras se puede amar al objeto, o sea, mientras el otro recibe nuestro amor, el único padecimiento es el temor a su pérdida.  

Pero realmente existe un sufrimiento, por cierto normal, cuando finalmente ocurre la pérdida tan temida del objeto de amor. Entonces, el Yo debe hacer un camino de regresión de su pulsión, para que vuelva consigo. Dicho proceso es conocido como duelo y es sumamente saludable que suceda, pero se habla de patología cuando no existe tal retracción y se cae en una melancolía eterna.

Justamente, es Freud quien afirma que una de las fuentes de displacer más severas es la relación con el otro; inclusive el padeciendo de enfermedad del propio cuerpo no ocasiona una pena tan grande y profunda, como si lo hace una mala relación.

Muchas personas recurren a diversos artilugios, como el tarot del amor con el fin de terminar con su sufrimiento. Pero la verdad es que en la vida social y cultural, todo está perfectamente organizado y predeterminado, sin embargo, tal como lo ha descrito Nietzsche la vida es caos y constante cambio, donde nada es absolutamente seguro, pues todo goza de una finitud insoportable para la condición humana. Por lo tanto, todos los seres humanos buscan la permanencia, el orden y la trascendencia de algún u otro modo.

De este modo, en su búsqueda de verdad y equilibrio desea mantener un orden y control de la vida, pero la existencia justamente responde a reglas totalmente contrapuestas, siendo la ciencia la gran respuesta para paliar las afrentas que tuvo la humanidad a lo largo de su historia. De este modo, uno de los recursos a los que acude el hombre común es el tarot del si o no, pues busca respuestas para que su razón pueda organizar el valor de su ordinaria existencia.