We’ll meet again, don’t know where, don’t know when. But I know we’ll meet again some sunny day.

Este estribillo pertenece a la canción más emblemática de la Segunda Guerra Mundial y una de las más bellas y memorables de todo el siglo 20.

Se convirtió en el himno con el cual los británicos, tanto tropas como civiles, mantenían su moral en pie durante aquel periodo aciago en el que la lluvia era de agua un día y al siguiente de bombas nazis.

La estrofa “Volveremos a encontrarnos, no sé dónde, no sé cuándo. Pero sé que volveremos a encontrarnos un día soleado”, tiene para mí dos interpretaciones: una, desde luego, que nos dice que hay que resistir y que, una vez pasada la tormenta, podremos reuniros otra vez con nuestra gente querida.

Sin embargo, una lectura muy sutil (o quizás no tanto) nos advierte que, de llegar a sucumbir, todos finalmente habremos de reunirnos en el siguiente plano existencial donde la luz brilla a perpetuidad y ello, para la gente de fe, también puede ser un pensamiento alentador.

“We’ll meet again” se popularizó en voz de Vera Lynn, quien llevó su canto de melancólico optimismo allá donde los británicos estuvieran oponiendo resistencia a los malignos planes del tío Adolph. Esto le valió a la cantante el título popular de “Forces Sweetheart”, algo así como “Novia de las Fuerzas”.

Entre otros, hicieron sus propias versiones de este tema Johnny “el Hombre de Negro” Cash y la agrupación The Byrds, ambas entrañables, pero créame que no hay como volver a la interpretación de la señora Lynn.

La canción que hoy nos ocupa fue resignificada por el colmilludo Kubrick cuando musicalizó con ella la secuencia final de “Dr. Strangelove”, en la que la humanidad es aniquilada por una hecatombe nuclear mientras los felices afortunados líderes del “mundo libre” y del bloque comunista (los presidentes de EU y la Unión Soviética) juntos con sus funcionarios de alto rango, se refugian en sendos búnkers a esperar un momento más propicio para repoblar la Tierra.

Así que “We’ll Meet Again” también está marcada por un dejo de humor negro, pero sólo dentro de cierto contexto, porque en esencia no ha dejado de ser un canto de esperanza y de resistencia.

Si usted conoce este tema, si realmente lo tiene integrado a su más íntimo repertorio personal, le recuerdo que es el momento de darle una buena escuchada, justo el día que sienta que la cuarentena le está carcomiendo la cordura, las finanzas, la vida.

Si no la conoce, yo no sé para qué Diosito le dio cinco sentidos si podía perfectamente prescindir de la audición, pero igual échele una oída, quién quita y es lo mejor que le deje esta pandemia.

Con toda la insipidez que le caracteriza, ni siquiera la reina de Inglaterra se resistió a parafrasear la canción en su mensaje al pueblo del Reino Unido concerniente a la pandemia de COVID-19.

Cabe recordar que aparte de sus mensajes navideños, doña Chabela sólo le ha hablado a sus súbditos en otras tres ocasiones: con motivo de la Guerra del Golfo Pérsico, por el fallecimiento de la Reina Madre y tras el deceso de Diana de Gales, además de la ocasión que, junto a su hermana Margarita y aún en calidad de princesas, le hablaron a los niños de su reino para animarlos (¡yupi…!) durante la referida Segunda Gran Guerra.

“Nos volveremos a reunir con nuestros amigos. Nos volveremos a reunir con nuestras familias. Nos volveremos a encontrar”.

Así sentenció la monarca una retahíla de ideas que apelaban al esfuerzo colectivo (científico y social) del Reino Unido, pero también al que en lo individual representa el observar esta cuarentena que golpea la salud mental y la economía de cualquiera, al grado de encarar al mundo con aquel viejo enemigo, el fantasma de la pobreza, al que no debemos confundir con la recesión que cancela los planes vacacionales o impide ponerse al corriente con las tarjetas de crédito, sino a la amenaza de una crisis de bienestar global como no se ha visto en casi un siglo.

En fin, que cada líder echa mano de las herramientas de que dispone y doña Isabel II tiene la canción correcta para despertar los mejores sentimientos de su pueblo.

Nuestro “líder” en cambio dice que la presente pandemia le viene como anillo al dedo porque, en su mezquindad, ésta resulta conveniente para sus planes de instauración del régimen que ambiciona.

¡Qué bellas palabras! ¡Qué hermoso su pensar, su sentir y qué nobleza la que reflejan sus prioridades! Quizás AMLO en su delirio más febril desearía que una guerra asolara al País (una invasión alienígena quizás) para así refundar México como él lo concibe desde sus cimientos.

La pérdida de vidas, el sufrimiento de un pueblo, el hambre, la falta de recursos médicos… Eso es un precio razonable con tal de ver a la Cuarta Transformación consolidarse con miras a la perpetuidad. En serio que, ni en las peores circunstancias, deja usted de sorprenderme, señor Presidente.

De regreso a la canción que inspira este texto, dígame si no contendrá una muy especial fuerza mística que su intérprete apagó en marzo pasado 103 velitas.

Así es, doña Dame Vera Margaret Lynn está vivita y razonablemente saludable, dándole la pelea como todos nosotros a la amenaza del coronavirus, como un día se la dio a la amenaza nazi.

Y aprovecho por supuesto su aniversario para decir a todo el mundo que hay que seguir sonriendo, cantando y buscando momentos de regocijo por arduo que hoy parezca. Después de todo, sin saber cuándo ni dónde, pero con toda certeza, un buen día nos habremos de ver reunidos nuevamente.