Hace ya varios años que el ecosistema de Cuatro Ciénegas –su preservación y protección– es objeto de intensas discusiones y polémicas que implican, sobre todo, analizar el impacto que la presencia humana tiene sobre los recursos hídricos de ese Valle.

A propósito de tales discusiones, se ha comentado que, aún cuando se trata de un Pueblo Mágico, y eso implica que se impulse su vocación turística, el volumen de personas que visitan los atractivos de Cuatro Ciénegas debe controlarse porque el ecosistema es frágil y resiente con facilidad los efectos de la presencia humana.

En esta edición publicamos un reporte en el cual se consignan las declaraciones de José Luis Fernández, presidente municipal de Cuatro Ciénegas, quien asegura que la reciente visita realizada por el magnate Carlos Slim a su ciudad tuvo la intención de “explorar” la posibilidad de realizar inversiones en aquella región.

“El señor Slim estuvo por aquí por espacio de tres días; visitó lo que es el valle, los distintos corredores, el Hundido, la Poza Azul, la Poza de la Becerra, los arenales, el plan de él es hacer inversiones de otra magnitud, turísticas.

“Lugares, hoteles de primer mundo, por qué no decirlo, algún lugar para pensionados extranjeros que vengan aquí a descansar en estos lugares tan hermosos que tenemos”, dijo el alcalde.

En primera instancia el anuncio parece una magnífica noticia pues implica detonar las potencialidades de aquel municipio, entre otras cosas, como lugar de descanso para personas retiradas con un poder adquisitivo alto y eso implica revitalizar la economía local.

En este sentido no puede menos que dársele la bienvenida a la intención de llevar inversiones a Cuatro Ciénegas y esperar que estas se traduzcan en una mejoría en la calidad de vida de todos sus habitantes.

Al mismo tiempo, sin embargo, resulta imprescindible advertir sobre la necesidad de cuidar que cualquier proyecto de inversión turística no se traduzca en un impacto ambiental negativo.

Y es necesario advertirlo con énfasis, porque una vez que se realizan inversiones, la lógica suele ser protegerlas, incluso si con ello se pone en riesgo el equilibrio ambiental y, de forma ulterior, la viabilidad misma de las poblaciones.

En este caso, además, estamos hablando de un ecosistema que constituye parte importante del patrimonio colectivo, entre otras razones porque es una fuente permanente de información científica relativa al surgimiento y evolución de la vida en el planeta.

No debe cerrársele la puerta a la posibilidad de que una inversión como la que se ha planteado se convierta en un detonante de la economía municipal y, menos aún, si se hace lo necesario para que los beneficios de tal hecho se distribuyan de forma democrática en la población.

Lo que es imperioso garantizar es que cualquier proyecto de gran envergadura no se convierta, en el mediano o largo plazo, en una amenaza para la subsistencia de la cuenca hidrológica de Cuatro Ciénegas.